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Las Fiestas del vino y el Meódromo Municipal

Llegan las Fiestas del Vino y con ella el regreso de la Edad Media.

Digo esto a mi pesar -porque es mi tierra y como buena valdepeñera por ella sufro- ya que todos los años, las calles del casco histórico de la ciudad se convierten en un lugar inhóspito que –espero- a nadie nos gusta volver a ver… y sobre todo oler.

Ya no solo hablo de los suelos llenos de vino y alcohol, pues lo que menos importa es creer que al andar te llevas a tu casa los baldosines junto a tus zapatillas. Hablo de que el suelo se convierte en un lago lleno de orines. Seamos francos, las calles principales de Valdepeñas se convierten en el meódromo oficial de la ciudad.

No importa cuántas veces se limpie la calzada con los productos de limpieza más efectivos del mercado, porque allí se podrá seguir percibiendo el olor a aguas menores de las distintas personas que celebran las fiestas. No importa cuántos repelentes de orines se rocíen en las paredes, pues cuándo una persona está lo suficiente “alegre” por el efecto del alcohol no le importa ensuciarse sus deportivas o pantalones y mucho menos ensuciar las paredes. No vale de nada los sanitarios portátiles que se instalan en la plaza si a una determinada hora de la noche se cierran o están abarrotados de personas.

A nadie nos gusta que nuestra ciudad por estas fechas tan especiales para nosotros se encuentre con un aspecto miserable y vergonzoso. A nadie nos gusta que las calles céntricas de la ciudad como; Castellanos, Pangino, Cruz Verde o Pintor Mendoza, sean el meódromo municipal, y mucho menos a los vecinos que habitan esas calles.

No tengo la solución para acabar con este problema que hay que solventar lo antes posible. Solo quiero hacer un llamamiento al ayuntamiento de Valdepeñas para que ataje lo antes posible el problema, porque hace siglos que dejamos atrás el Medievo y la Edad Moderna, y a nadie nos gustaría volver al reinado de Carlos III para que limpien las calles. Que esto no se convierta en un “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Al igual que ello, quiero hacer un llamamiento para que cada una de las personas que se atreven a usar esas calles como “dompedros”, se piensen que esas calles son suyas y que no querrían oler a orines cada vez que se asomen a la puerta de la calle.

Es una triste desgracia que nuestros vecinos que viven en la plaza tengan que aguantar tales barbaries dignas de, no ya solo una persona del medievo, sino de personas faltas de urbanidad, y nosotros no hagamos nada para cambiarlo. Hay muchas cosas que cambiar en las Fiestas del Vino. Como el acceso a la plaza para minusválidos, pero eso ya es otro tema y aunque no ha sido corregido, sí ha sido informado al ayuntamiento de Valdepeñas. Parece ser, que por mucho que pasen los siglos, un artículo en prensa funciona mejor que una propuesta verbal. Espero que este artículo no quede en el olvido y que las palabras no se las lleve el viento, pues escritas están.