Lo entendamos o no, -muchas de las cosas que han ocurrido no las entenderemos nunca-, seguir y seguir hablando de lo que han hecho los del Junts pel Sí, desde la Generalitat, o de lo que hizo el Partido Popular desde la oposición, y más tarde desde el Gobierno de España, es marear la perdiz. Ya estamos perdiendo el tiempo. Ahora toca estudiar muy bien el desaguisado al que nos han conducido, y empezar de una vez a buscar fórmulas para enderezarlo lo antes posible. No va a ser nada fácil; el desaguisado ha sido descomunal. Pero eso no puede ser la excusa para cruzarnos de brazos y esperar a ver lo que el paso del tiempo nos va deparando.

Tengo la impresión de que a la derecha catalana representada por el PDeCAT, y a la derecha española representada por el PP, les ha venido de perilla todo este conflicto. Así no se ha hablado, -o se ha hablado menos-, de las políticas que han conducido a la pobreza y a la desigualdad, y se ha escondido en cierto modo, la corrupción que desde ambos lados del Ebro ha venido urdiéndose durante más de veinte años. Mientras se habla del independentismo, no se habla de desigualdad y corrupción.

Por ello cualquier fórmula que adoptemos, que adopten, para remediar el desaguisado pasa por el esclarecimiento total de la desigualdad y la corrupción. El independentismo, se ha enmendado, en cierto modo, con el reconocimiento por parte de los independentistas al reconocer que el camino ha sido equivocado. Por convencimiento o por conveniencia; pero algo es algo; lo suficiente para que a partir del 21-D, gane quien gane, el recorrido sea diferente, aunque el problema siga ahí.

Por tanto la estrategia de Ciudadanos y del Partido Popular de formar un gran frente que ellos llaman constitucionalista, -que risa-, apoyados por el PSOE, con el fin de hacer frente a los intentos independentistas sería a todas luces ahondar en el conflicto. Sería hacerles el juego a las derechas catalana y española. Espero que el PSOE no caiga en esa tentación. El PSOE, eso, no debe ni oírlo. El PSOE, lo primero y urgente que debe proponer son políticas para corregir esa desigualdad, -la mayor de Europa- y luchar contra los corruptos. La sociedad actual necesita ver referentes para resolver sus problemas y frenar las sinvergonzonerías. Seguiremos.

Julio García-Casarrubios Sainz

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