SOCIEDAD

Irene Megia: “Trabajar en Atapuerca ha supuesto cumplir un sueño, ya puedo decir que allí estuve yo excavando mano a mano con importantísimos investigadores”

Irene Megía García es una arqueóloga valdepeñera de 23 años a la que desde pequeña siempre le ha gustado la “paleontología”, aún cuando ni siquiera conocía el significado de la palabra. Su inquietud siempre ha estado ligada a conocer todo cuanto pueda sobre el pasado de la humanidad, para así comprender el presente. Hoy, bien puede presumir de haber tenido la gran suerte de participar en las excavaciones de Atapuerca (Burgos), una experiencia inolvidable para ella, que ha compartido con nosotros.

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Irene Megía en Atapuerca

¿Cuándo comienza tu pasión por la arqueología y que has estudiado hasta hoy?

De pequeña comencé leyendo libros ilustrados sobre dinosaurios, homínidos, etcétera. Mi pasión por la Arqueología y la Prehistoria me llevaron a matricularme en el Grado de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha. En el 2015 comencé el Máster de Arqueología Prehistórica en la Universidad Complutense de Madrid, donde también me comenzaron a interesar aspectos más burocráticos, por lo que formé parte de la Comisión Organizativa de dicho Máster. El año que viene me planteo seguir con mi formación y realizar el Máster de Evolución Humana de la Universidad de Burgos. Se trata de un Máster de Investigación en el que se aplican técnicas muy novedosas para el estudio de la evolución humana. Y si todo sale bien, quizás una de esas becas de Doctorado tan difíciles de obtener sea para mí.

Sabemos que Atapuerca es uno de los más grandes yacimientos arqueológicos que existen en España ¿Cómo has acabado allí?

Atapuerca se sitúa en el horizonte como el sueño de cualquier arqueólogo que se dedique al estudio de la Prehistoria y la Evolución Humana. En el Máster de Arqueología Prehistórica de la UCM tuve el honor de que Juan Luis Arsuaga, uno de los directores del Proyecto Atapuerca, me diese clase junto con Nuria García. Sus clases se daban al estilo de las grandes universidades europeas como Cambridge y Oxford. Nos permitió mirar a nuestros ancestros cara a cara y aprender de ellos. Gracias a mi ferviente interés y a mis continuas ganas de aprender, Nuria y Juan Luis decidieron incorporarme a su equipo. Concretamente he estado en el yacimiento de El Portalón (Cueva Mayor), dirigido por J.M. Carretero.

¿Qué ha supuesto para ti esta experiencia?

Esta experiencia ha supuesto cumplir un sueño para mí. Ya puedo decir que allí estuve yo excavando, mano a mano junto con importantísimos investigadores. Es como ver a tus héroes de la tele trabajando a tu lado. No tengo palabras. Atapuerca es un hervidero de sabiduría: allí se reúnen biólogos, geólogos, arqueólogos, antropólogos, etc. Y todos y cada uno de ellos son necesarios para que los estudios científicos que allí se realizan lleguen a buen puerto.

¿Qué es el Proyecto Atapuerca y quien lo dirige?

Los yacimientos de la sierra de Atapuerca comenzaron a tener especial relevancia científica y social a partir del hallazgo de los restos de la Sima de los Huesos en 1992, y del hallazgo de nueva especie conocida como Homo anteccesor. Los patronos fundadores de la Fundación Atapuerca son Juan Luis Arsuaga, Jose María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, que son los tres codirectores del Proyecto Atapuerca, que se encargan de respaldar y difundir los proyectos científicos que se elaboran en Atapuerca.

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¿En qué yacimiento has excavado?

En la sierra de Atapuerca encontramos una gran cantidad de yacimientos arqueológicos: Gran Dolina, Sima del Elefante, Galería, Mirador, El Portalón, Sima de los Huesos, Galería de las Estatuas y Galería del Sílex. Yo he excavado en Portalón (Cueva Mayor). Se trata de un yacimiento de excepcional importancia para el estudio de la prehistoria reciente, que abarca los últimos 10.000 años, es decir, nos movemos en el marco cronológico del Holoceno. Este yacimiento tiene una secuencia estratigráfica muy amplia, ya que se han detectado ocupaciones humanas desde el mundo medieval y romano hasta las diferentes fases de la Edad del Bronce, el Calcolítico y el Neolítico.

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¿Qué trabajos has realizado in situ, tanto por la mañana como por la tarde?

La jornada de trabajo se dividía en dos turnos: por la mañana se realizaban tareas de excavación arqueológica en el yacimiento. Allí cada uno excava su zona asignada con extremo cuidado y se van dejando a la luz los distintos estratos. Se mapean los distintos restos que se vayan encontrando, es decir, se apunta la ubicación exacta en la que han aparecido. Todo lleva un exhaustivo registro y nada puede quedar sin contexto, porque si no luego no podrá ser estudiado o analizado. Por la mañana también se realizan tareas de flotación en el río situado en Ibeas de Juarros. Allí la principal labor consiste en recoger las semillas y carbones del sedimento para poder datarlos. Se flota y criba el sedimento para que ningún resto se nos pase por alto.

Por la tarde se llevan a cabo diversas tareas en el Laboratorio de Paleontología de la Universidad de Burgos. Se lava el material extraído del yacimiento, se sigla y se realizan labores de identificación. La mayoría de los restos obtenidos son de fauna, por lo que es importante conocer a qué animal pertenecen los restos.

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¿Qué has encontrado tú con tus propias manos y cuando lo has analizado y has descubierto su historia, su esencia, que has sentido?

Por lo general, los restos que principalmente he encontrado pertenecen a fauna y microfauna. También me encargué de dejar a la vista un hogar Neolítico. Los restos de cerámica son bastante abundantes, al contrario que los de sílex, aunque también encontré varias puntitas en la labor de flotación. Por lo general, nosotros no analizamos los restos porque no tenemos el conocimiento suficiente como pare realizar correctamente esa labor. El “descubrir” la historia de esos materiales le toca al científico, y yo, por desgracia, no tengo aun esa categoría. Quizá más adelante.

En Valdepeñas, están excavando ahora en el Yacimiento del Cerro de las Cabezas ¿Has participado alguna vez en este proyecto?

Ciertamente me encantaría participar en la excavación del Cerro de las Cabezas, sin embargo, aún no lo he hecho. ¿Por qué? A grosso modo, me parece excesivo el precio del curso al que hay que inscribirse para excavar. Actualmente la arqueología se sigue viendo como un hobby, algo a lo que le dedicas los veranos. Pero difícilmente da para vivir, a no ser que seas un reconocido investigador a nivel internacional. Por culpa de eso, son muy pocas las ayudas económicas que se ofrecen a los distintos yacimientos, por lo que los directores o coordinadores de dichos proyectos se ven obligados a subvencionar la excavación con el dinero de los jóvenes arqueólogos que se están formando. Esto mismo ocurre en el Cerro, o así me parece a mí desde mi punto de vista: cuando pueda ejercer mi labor sin tener que pagar por ello, entonces estaré encantada de excavar allí.

Todos los jóvenes que están en los yacimientos suelen pagar por ir a los mismos (yo me niego a ello porque no me parece ético). A mi parecer, la arqueología está muy poco valorada socialmente, de ahí la falta de ayudas. Y ya más complicado es todavía que nos paguen a nosotros, a pesar de que estamos realizando un trabajo tan válido como cualquier otro.

Perdón por mostrar tanta indignación.

Dicen que la profesión de Arqueólogo solo la ejercen unos cuantos, el resto acaban siendo profesores o dedicándose a otras cosa. ¿Dónde ves tu futuro y si es difícil llegar a ejercer al cien por cien la arqueología?

Como comentaba en el apartado anterior, vivir única y exclusivamente de la arqueología es sumamente difícil. Por ello, es necesario complementar esta labor con otras. Actualmente, ejercer al cien por cien la arqueología no es una cuestión planteable. Si todo sale como me gustaría, pediría la beca FPU/FPI para hacer un Doctorado y poder dar clase en la Universidad y proseguir con proyectos arqueológicos. Además, hay que tener en cuenta que las labores de excavación únicamente suelen realizarse en verano, con lo que es necesario sí o sí tener un trabajo complementario, que en el mejor de los casos, pueda estar relacionado con la arqueología.

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¿Qué te gustaría descubrir o encontrar algún día, como arqueóloga?

Siempre he soñado con ser descubridora de restos fósiles de gran importancia, como una nueva especie de Homo. Ser una gran arqueóloga como Mary Leakey o Meave Leakey, las Indiana Jones de nuestra época, es todo un sueño para mí.

¿Qué consejo darías a quienes quieren estudiar arqueología y lo dejan por pensar que no es una profesión con futuro?

Cuando se deje de pensar que NO es una profesión de futuro, comenzará a ser una carrera prometedora. Hay un futuro, sólo que quizá sea más complicado abrirse paso en él. A todos los que quieren dedicarse a esta profesión les diría que sigan su sueño y que no se derrumben ante la presión social. Con ganas y esfuerzo, hasta el sueño más lejano puede hacerse realidad. La arqueología es una profesión muy bella y gratificante, en la que se trabaja y colabora en grupo. De ese grupo haces tu familia y de los restos que excavas, tus ancestros. Y si nadie los saca a la luz, no podremos conocernos a nosotros mismos. Para todo aquél o aquella que se lo esté planteando, ¡a por ello! Gente con muchas ganas e ilusión es lo que hace falta para que esta profesión revitalice.

¿Cómo ves tu futuro en este terreno?

Mi futuro es incierto, nunca sabré que es lo que estaré haciendo dentro de 5 o 10 años. Pero siempre me gusta mirar adelante con una sonrisa y con un pensamiento positivo. Me gustaría impartir mis conocimientos en la universidad y desarrollar proyectos arqueológicos para jóvenes que, como yo, quieren introducirse en este mundo. No sé cómo será mi futuro, pero sí sé cómo es mi presente: lleno de ilusión y de esperanza. Quiero equivocarme muchas veces y que me regañen mis profesores para poder aprender todo aquello que aún no conozco.

Mi deseo: que dentro de ese futuro incierto, pasen los años que pasen, mi ilusión por continuar en el camino de la arqueología permanezca viva. Que esa llama no se apague.

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