CIENCIA

Viajar a Marte. Una aventura de mucho riesgo. (1 parte, el viaje)

Seguro que habréis oído hablar de la existencia de grupos de candidatos que dentro de unas pocas décadas podrían explorar Marte, de los viajes sin retorno, de la exposición a la radiación extrema y de otros contratiempos que hacen que enviar una misión tripulada al planeta rojo no será precisamente ir a las Bahamas.

En primer lugar, teniendo en cuenta la tecnología de la que disponemos,  la distancia entre la Tierra y Marte debería ser un obstáculo. Las misiones Apollo tardaban una semana aproximadamente entre la ida, las horas de exploración lunar y la vuelta. A Marte, aprovechando el máximo acercamiento entre los dos planetas tardaríamos unos 9 meses. En el 2005 se registro la máxima aproximación de las últimas décadas con 69 millones de km de distancia. Pero esto no es ni el principal ni el único problema. Para poder enviar una misión a Marte deberíamos contar con un equipo más o menos preparado tanto físico y mental como intelectual. El equipo estaría formado por dos pilotos, en el caso que enviáramos un orbitador y un aterrizador, dos ingenieros, para las respectivas naves, un par de científicos y algún médico. ¿Y por qué científicos? Marte, a diferencia de la Luna, si que nos podría brindar muchas cosas que nos puede ser interesante. Por lo menos un geólogo y un astrobiólogo estarían en la lista de candidatos. 

Mucho debería cambiar la tecnología para poder aterrizar directamente con una nave. Pensad que la gravedad, pese a que es inferior, es parecida a la Tierra pero a diferencia de nuestro planeta Marte tiene una atmósfera muy tenue y la nave gastaría muchísimo combustible para el frenado.

Con semejante tripulación necesitaríamos una nave de grandes dimensiones que jamás se ha construido. Y durante un vuelo de 9 meses en estado de microgravedad los músculos y huesos están expuestos a un deterioro masivo que podría resultar fatal a los astronautas. Está demostrado que el ejercicio físico es un remedio más o menos eficaz, aunque no definitivo. Por esto, la nave debería contar con un gimnasio y grandes espacios para poder ejercitar los músculos y huesos.

marte-nave (Copiar)

Otro problema sería que muy posiblemente se debería dormir a parte de la tripulación. Podría ser una solución a las posibles rencillas psicológicas debido al estrés del aislamiento. Hoy en día mediante un coma inducido es posible mantener a un paciente en estado de sueño profundo controlado. Pero otra vez tendríamos de nuevo el problema del que antes hemos hablado. Los músculos y huesos se verían afectados igualmente por la falta de ejercicio. 

La nave debería contar con enormes tanques de oxígeno y agua, aunque esta última se podría fabricar artificialmente. Y un gran almacén de alimentos, por no decir de habitáculos más o menos confortables para la gran travesía.

Para finalizar, y en este episodio no hablaremos de los problemas de la radiación debido a la exposición de rayos cósmicos, podríamos estar delante de otra amenaza para los astronautas. La radiación nuclear dentro de la nave. Los combustibles empleados dentro de la nave se utilizarían para la propulsión, pero para mantener la nave durante tanto tiempo operativa: luz, refrigeración, etc. deberíamos contar con motores nucleares. Estos reactores deberían estar lo más alejado posible de la zona habitable de la nave con lo que tendríamos que ampliar el tamaño de esta. 

Pese a todo lo antes comentado no hay que perder las esperanzas. La tecnología avanza a pasos agigantados pero deberíamos tener los pies en el suelo antes de aventurarnos a una misión peligrosa pero a la vez fascinante.

En el próximo capítulo hablaremos de los peligros y problemas en la superficie del planeta rojo.

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