CON LA VIDA POR DELANTE

Los espacios de Ángela

Primer espacio. Como cada mañana el despertador sonaba a las seis y media, pero con alegría. Nada de esos sonidos molestos y estridentes de despertador cabreado. La sintonía de Williams, “Happy”, le invitaba a abrir los ojos con una sonrisa, como tiene que ser. En ocasiones, Ángela, se miraba en el espejo con la sensación de no parecerse a nadie conocido. Se sentía única en su especie. Muchas veces se preguntaba si su forma de arrugar la nariz cuando no recordaba algo lo habría heredado de alguien o, tal vez, era un gesto de marca registrada.

¿Acaso el acto involuntario de levantar el meñique cuando se tomaba una taza de té pertenecía a un antepasado inglés con aires de finolis? Por no hablar de las miles de millones de manías que padecía intensamente. No lo sabía. Y muchas veces, no todas, prefería no saberlo. Así era más fácil y divertido inventarse una historia. Podría ser la descendiente de una reina, de un pirata, de un bandolero o incluso de una revolucionaria como la Pasionaria.

Misifú acarició sus tobillos.

- Ya te pongo el desayuno gato gordinflón- dijo Ángela dando un respingo.

Misifú era el único ser vivo con el que Ángela había compartido su existencia desde que se marchara del centro de menores cuatro meses atrás.

La cabeza de Ángela estaba siempre llena de preguntas. De todo tipo. Había elegido un gato y no un perro como mascota. No le gustaban los perros. La mayoría le daban miedo, sobre todo los grandes y consideraba que los pequeños estaban un poco locos. Sin embargo, los gatos, esos seres independientes que solo te buscan por interés propio le parecían fascinantes… ¿estaría mal de la cabeza?....

Ver las cosas con un matiz diferente al que se considera “normal” era una rareza suya. Si solo conseguía trabajos de corta duración pensaba que así no le mataría la rutina. Si sonaba su canción favorita en la cola del supermercado ofrecía su mejor sonrisa y tarareaba la canción entre pequeños contoneos. Si los viejos plomos le saltaban cada dos por tres dejándola a oscuras veía el momento perfecto para salir a cenar fuera con algún amigo….

Ángela se preguntaba muchas cosas. Casi de todo. Incluso se decía a sí misma, si algún día, conocería su verdadera historia.

Segundo espacio

Ángela vivía en un piso pequeño. Un loft de apenas cincuenta metros cuadrados con lo justo y todo a mano. Para ella era más que suficiente y la mar de práctico. En un pis pas todo estaba recogido y eso le encantaba.

Cuando invitaba a alguien, le divertía soltar comentarios de todo tipo sobre su vida en aquel lugar.  Decía cosas como que de pequeña había deseado tener una casa de muñecas y que por fin su sueño se había hecho realidad.

Todos sus amigos habían pasado por el mismo ritual la primera vez que la visitaron.

- Mmmmm muy bonito….- decían  perplejos al ver el panorama.

Los invitados se encontraban ante una única estancia, rectangular, repleta de armarios empotrados de todos los tamaños y un biombo rojo que separaba un espacio vacío de una ducha claustrofóbica y un váter. Sin olvidar, por su puesto, lo que más llamaba la atención….un enorme ventanal de dos hojas que daba a la joya de la corona…la terraza; que, a simple vista, parecía mucho más grande que el propio piso.

- ¿Qué os parece? – preguntaba Ángela con una sonrisa de oreja a oreja.

- Bueno, cuando te traigan los muebles…pues bien, no estará mal…además, siempre tienes la opción de vivir en la terraza…

Como si de un juego se tratase, Ángela, les animaba a descubrir qué se escondía detrás de cada armario. Según se entraba, a la derecha, un gran armario de dos puertas era el escondite del sofá cama y junto a éste otro para guardar la ropa. A la izquierda, la cocina oculta, estaba compuesta de un fogón de butano, un armarito de cuatro baldas bajo un fregadero ridículo y una mini nevera sin congelador. Y según ibas abriendo los compartimentos te encontrabas cosas como una tabla de planchar plegada, una mesa con dos sillas incorporadas…vamos, con lo justo y todo a mano, como a ella le gustaba.

Tercer espacio

Caía la lluvia con la intención de no dejar títere con cabeza. Ángela llegaba tarde del trabajo. La cosa se había complicado. Como una sopa entró en el piso dejando un reguero mojado a su paso. Encendió la lámpara que descansaba junto al sofá cama y disfrutó viendo en lo que se había convertido aquel espacio pequeño que a ella le parecía tan grande.

Se desnudó, se dio una ducha caliente y, para seguir con el ritual, se preparó una taza de chocolate.

En silencio, se sentó en su butaca favorita frente al ventanal. El sol se despedía mientras las luces de la ciudad se encendían. Bajo la lluvia todo parecía diferente.

Misifú se despertó de una de sus interminables siestas.

- ¿Ya has vuelto? – preguntó ella cuando sintió el suave pelaje del gato acariciándole los tobillos. – Qué suerte tienes gato perezoso…todo el día aquí a la bartola…

Ángela volvió a mirar por la ventana, con su taza de chocolate humeante entre las manos. Inundada por una sensación que caldeaba su pecho. No elegiría estar en otro lugar. En aquel momento, ese era su espacio.

Cuarto espacio

Era la quinta vez que Ángela metía la pata en ese mismo día. Solo pensaba en el tiempo que le restaba para salir de aquel lugar sin aire.

- ¡¿Quieres prestar atención, Ángela?!- le recriminaba Remedios, la encargada del supermercado en el que trabajaba – No tengo ganas de que don Jesús me eche la bronca por tu culpa. Por cierto, que quede claro, si vuelve a faltar dinero de la caja lo pones tú….¡Ah! y haz el inventario del almacén de una vez que llevo una semana pidiéndotelo….

- Si, Reme, si – contestó Ángela de forma mecánica.

Mientras Remedios le repasaba la cartilla, Ángela, la miraba abstrayéndose de sus palabras. En lo único que podía pensar era en lo triste que sería convertirse en Remedios Castellón Morales, esa señora antipática de 50 años, que a lo máximo que había aspirado en la vida era a ser la encargada de un supermercado de barrio, a ser la esposa de alguien y madre de dos chiquillos a tiempo completo. Una mujer que se había olvidado de sí misma para ser indispensable en la vida de otros.

Ángela, sintió náuseas y la cabeza comenzó a darle vueltas…de repente todo le parecía pequeño.

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