sábado. 27.04.2024

 

El cementerio, según explican los arqueólogos responsables de la excavación, se situaba fuera de la ciudad y a favor de los vientos dominantes en la zona, de modo que los malos olores o humos precedentes de las cremaciones no molestaran en los vivos.

La intervención arqueológica ha sido promovida por Unión Fenosa, supervisada y autorizada por la Dirección General de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y dirigida por los arqueólogos Luis Benítez de Lugo Enrich, Rocío Noval Clemente y Enrique Mata Trujillo. Los propietarios de los terrenos han facilitado y prestado su apoyo en todo momento a los investigadores.

La información obtenida de la necrópolis (“ciudad de los muertos”) es un complemento indispensable en cualquier estudio sobre los poblados (“ciudades de los vivos”), pues proporcionan datos sobre la sociedad que no aparecen en los lugares de habitación.

Vida después de la muerte

Los trabajos arqueológico han constatado que en este lugar los difuntos eran colocados sobre una pira de leña, vestidos y con algunos objetos personales.

Tras quemar la pira los restos óseos quemados y fragmentados, las cenizas y los objetos personales quemados eran metidos dentro de un recipiente de barro que era cuidadosamente enterrado en un hoyo sobre cenizas procedentes de la pira.

El hallazgo revela la creencia en una vida después de la muerte y proporciona valiosa información sobre el mundo espiritual precristiano de nuestros antepasados.

Esperado hallazgo

El descubrimiento de esta necrópolis resulta de gran interés científico, dado que hasta ahora se creía que el lugar fue abandonado en el siglo III a.C. Los materiales encontrados revelan claramente que la vida continuó aquí siglos después, durante la romanización, perviviendo aún durante varios siglos los rituales funerarios de tradición indígena.

Los trabajos realizados en esta necrópolis han proporcionado abundantes objetos, que serán depositados tras su estudio en el Museo de Ciudad Real según prescribe la ley.

Este hallazgo, sumado a los realizados el pasado año en el paraje valdepeñero de Aberturas (Consolación), permiten entender mejor el origen de Valdepeñas y los modos de vida de los antepasados de los castellano-manchegos.

Hallan el cementerio íbero del Cerro de las Cabezas