CULTURA

Los vínculos del sol y el azafrán en la musical Villa de La Solana con su alcalde Luis Díaz-Cacho

Imagen de La Solana. Cuadro del pintor Orencio Murillo de Puertollano
Imagen de La Solana. Cuadro del pintor Orencio Murillo de Puertollano

Regreso a la memoria para recordar  la música de la zarzuela, La Rosa del Azafrán, cantada por mi madre en mi temprana infancia, y con la música de su voz a capela, saber de la existencia de un pueblo llamado La Solana, adonde en su adolescencia viajaba con sus padres a visitar a los amigos. Posteriormente la música zarzuelera nos fue dada en televisión española para goce de las generaciones que la desconocíamos con su música y romanzas. Pero el verdadero conocimiento de este Arte Mayor, para mí no es menor, lo empecé a conocer en años sucesivos cuando fui invitada por el Presidente de La Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela de La Solana, Antonio García Cervigón, coincidiendo con los alcaldes que lo fueron Nemesio de Lara, Diego García Abadillo y con el actual Luis Díaz Cacho, sin olvidar a Luis Romero de Ávila, el primer Moniquito, que yo vi en un escenario interpretado genialmente por este solanero poeta y concejal de Cultura actual, de sonrisa acogedora y afable amabilidad. Explorar el auge y amor que la noble villa solanera siente por la zarzuela supone analizar el poder de la música y  ese impulso colectivo que la ha llevado a ser declarada de Interés  Turístico Nacional: nombramiento merecido gracias al empuje y continuidad de sus pobladores grandes y pequeños, incansables en su voluntario esfuerzo  de continuidad.

El pasado siglo XX ha sido y es, también en este XXI, una pasarela de las mejores voces líricas actuales y desaparecidas españolas, presentes en el escenario solanero. Por esa villa tendida al sol manchego se han escuchado las más bellas romanzas de amor hasta emocionar al vasto público asistente, siendo testigo fiel de ese milagro su presidente e iniciador, Antonio García Cervigón, declarado Ciudadano Ejemplar en el año 2011, periodista, maestro y escritor además de apasionado solanero y  con él, todos los que perduran desde su inicio.

Pero en octubre además de la uva cosechada, la música de zarzuela, es el mayor empuje de La Solana al ser visitada por miles de espectadores llegados de cualquier rincón de España. Sobre este acontecer se ha escrito textos y artículos que son Historia de la noble villa y sobre el tema de la zarzuela le pregunté a su Alcalde Luis Díaz -Cacho Campillo

¿Qué es lo que más te gusta de La Solana y de los solaneros?

Nací en La Solana, en la calle Cristo del Valle, en una habitación que mis padres tenían alquilada a una familia. Son, quizás, estas referencias las que nos vinculan a la tierra que amamos. La Solana es un pueblo maravilloso, con gente sencilla y esforzada que sabe trabajar y vivir. Este pueblo que se derrite como la nata desde la parte más alta del municipio hacia las laderas del cerrete que ocupamos, atrapa todos mis sentidos y sentimientos. Seguramente, cada persona ama y siente lo suyo. Yo amo a mi pueblo y convivo con mis vecinos y vecinas. El tamaño nos permite una relación de cercanía y de conocimiento de los unos con los otros, ideal para la existencia.

¿Cuáles son las calles, plazas y edificios que te emocionan y enorgullecen?

La simple y sencilla la silueta de La Solana cuando giramos las curvas de San Antón llegando por carretera desde Membrilla emociona a cualquier solanero o solanera que se precie. Nuestras calles del centro, tortuosas e irregulares, son parte de la historia viva de este pueblo que pretende rozar el cielo con el chapitel de la Parroquia de Santa Catalina. Llegar a la Plaza Mayor suele sorprender al visitante. Plaza cuadrangular y abierta a la esperanza de los sueños. Aquí se ubica el Ayuntamiento; el edificio de la Casa de Don Diego y la Casa de la Iglesia en la misma Plaza Don Diego, la Casa de la Encomienda; la Plaza de la Hojarasca y la Plazuela de Canalejas (de la Marquina como le llamamos aquí) ofrecen una configuración del casco histórico y patrimonial digna de detenerse y ser visitada pausadamente. En la ermita de San Sebastián en el barrio de El Santo los eruditos e historiadores suelen ubicar la parte más antigua de La Solana, junto con la calle de La Fuente, donde los pastores trashumantes se detenían a abrevar sus ganados. La Parroquia de San Juan Bautista o del Convento es fiel testigo del paso de los trinitarios por La Solana. Y nadie puede abandonar La Solana sin visitar la ermita de El Humilladero, casa fugaz de nuestra Patrona la Virgen de Peñarroya cuando llega en septiembre a La Solana o nos deja en el mes de enero. Y en la calle Monjas, el Convento de la Dominicas, monjas de clausura que mantienen en actividad el edificio. Pero no podemos elogiar solamente nuestra historia cuando la modernidad ha dispuesto otra serie de edificios administrativos y de ocio que dan sentido a nuestras pretensiones de permanecer en el medio rural que nos vio nacer: la biblioteca pública “Mario Vargas Llosa” integra modernismo y singularidad; el Teatro Auditorio “Tomás Barrera”,  el Centro Tecnológico de Audiovisuales y la Piscina climatizada conjugan innovación y funcionalidad, junto con la Ciudad Deportiva o la red de Polideportivos de los que el municipio dispone: Antonio Serrano y La Moheda, El Convento.

En el Parque Municipal las emociones nos desbordan cuando recordamos nuestra infancia y adolescencia. Aquí hemos jugado todos, aquí hemos corrido todos, aquí nos hemos enamorado todos… Aún ocurre lo mismo todavía como espacio de encuentro de niños y adolescentes, aunque ya existen en los barrios nuevos parques y jardines.

¿La zarzuela por qué es tan importante para esta villa manchega?. No puede entenderse La Solana sin la rosa del azafrán. Y no puede entenderse la rosa del azafrán sin la zarzuela, sin el libreto “La rosa del azafrán” de Don Federico Romero. Decir octubre en La Solana es decir azafrán (ahora menos que antaño, pero retorna el cultivo) y es decir zarzuela. La Solana ha sido capaz de poner en valor este recurso ocioso gracias al empeño de la Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela que lleva treinta y nueve años poniendo en valor nuestro costumbrismo. Ahora ya nadie duda de que decir zarzuela en España es decir La Solana; es hablar de nosotros, de nuestra manera de ser y de relacionarnos a través de la historia; es mantener tradiciones que nos identifican. Que La Solana es la villa de la zarzuela a nadie pasa inadvertido. No hay ningún solanero o solanera que no se identifique con nuestra zarzuela. El reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional por el Gobierno de España y de Castilla La Mancha en el año 2015 es un revulsivo para poner las posibilidades turísticas y económicas al servicio de la cultura y del municipio.

¿Poeta por el corazón y político por la razón?

Poeta por necesidad vital, por angustia existencial, por obligación de no traicionarme a mí mismo, por intentar ser yo mismo cada día en un mundo tan lleno de influencias. Poeta para volar, para soñar, para gritar, para vivir, para denunciar, para alabar... Político para intentar aportar, sumar, cambiar todo aquello que juntos como sociedad consideremos; para luchar por legar a nuestros hijos e hijas un espacio para vivir mejor (a veces no es sencillo). Político porque no puedo permanecer impasible y pasivo; sí creo que puedo sumar.

No todo en los políticos es deplorable los hay que la vara de mando no les hace olvidar lo genuino y auténtico de su procedencia; así es mi amigo y poeta, Luis Díaz –Cacho: así son los solaneros protagonistas de haber llevado a La Solana a ser conocida por su amor a la música en lugares lejanos de nuestra geografía. Sin artificio y guardando para ellos esos escollos que siempre existen, siguen cuando llega octubre, cantando El Sembrador, que merece ser el Himno de todos los manchegos. Porque sin duda la rosa más bella es la nuestra; la rosa del azafrán.