KUKA

Capítulo XCIII. Ahora me toca a mí

Cuando era pequeña las anginas me traían frita, tú incondicional me traías la sopita y la tortilla de jamón para que mi lastimado cuerpecillo se recuperara rápidamente, y claro, con el paso del tiempo soy yo la que está emocionada dándote a ti la sopita. Mientras te mullo la almohada un escalofrío recorre mi ser al comprobar que ahora tú eres la niñita enferma. 

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 Con emoción recordamos el pasado, de cómo quería volver a la calle a jugar con la nieve, mis hermanos siempre me hacían rabiar y como entre tanta pataleta, con los mocos colgando, tus mimos y abrazos me hacían sentir como en un bunquer, a salvo.

Este momento tan nuestro me recuerda que siempre estaremos unidas, ni matrimonio, ni leches, el amor de una madre es incondicional para toda la vida.

Querida mamá, dentro de todo lo malo que te sucede y conforme el tiempo va haciendo estragos en todo tu ser, mi felicidad es plena pues este momento es solo nuestro, con las fuerzas suficientes para tirar del carro hasta que el día de mañana la sopita me la den a mí.

No se quién me la dará, con los tiempos que corren, pero en ese momento recordaré, que en el cielo hay una estrella que un día me cuidó, me mimó e hizo de mi la persona que ahora soy.

En un tiempo muy lejano, dos constelaciones caminarán por siempre juntas.

Kuka