OCIO

Egipto, el viaje que hay que hacer una vez en la vida

No conozco a nadie que no quiera ir a Egipto, y aunque ahora hay quien piensa que no es el momento para ir, pues se equivoca. Es cuando más seguridad existe en el país y se percibe en  las calles y en la protección de los templos. Además los egipcios son gente afable que siempre quieren charlar con el extranjero sobre cualquier tema, aunque al final siempre te quiera aconsejar que vayas a la tienda de su cuñado para que les compres algo.

Yo hice el típico viaje a Egipto que combina un crucero en motonave por el río Nilo con una estancia en El Cairo, todo con unos guías estupendos que hablan perfecto español. 

Una vez se llega en avión a Luxor, la antigua Tebas, te embarcas en la motonave que te servirá de alojamiento.

Es agradable el crucero por el Nilo y navegando por el río se observa perfectamente la diferencia entre el verdor de la vegetación y la agricultura en  sus orillas y el desierto un poco más al fondo. El crucero avanza y va parando en los lugares donde están los templos antiguos que se visitan y también es curioso el paso de la esclusa de Esna, antes de llegar a Asuán.

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Lo cierto es que la grandiosidad de los templos antiguos te sobrecoge. Cuando entras en el templo de Luxor, atravesando el primer pilón donde está el Obelisco y la estatua del omnipresente Ramsés II, te quedas  con la boca abierta. Si se ve al anochecer será una experiencia inolvidable. Había una avenida de 2 kilómetros con esfinges con cabeza de cordero y cuerpo de león que unía este templo con el de Karnak y que están intentando recuperar.

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El gran complejo de  templos de Karnak está dedicado sobre todo  al dios Amón-Ra, con salas de columnas (la principal es la sala hipóstila con 134 columnas que terminan en forma de papiro), obeliscos, estatuas, embarcaderos, templos menores, etcétera.

Otro lugar que impresiona es el Valle de los Reyes, sonde se visitan varias tumbas reales  como la de Tutankamón. Las tumbas están profundamente excavadas en la roca y tienen pinturas y grabados que representan algunos de los aspectos del paso a la vida inmortal, con el dios Anubis preparando los rituales de los enterramientos, entre ellos la momificación.

De paso a la ciudad de los trabajadores se visitan los Colosos de Memnon, 2 estatuas gemelas del faraón Amenhotep  y el templo de la  Reina Hatshepsut. Otros templos destacados son los de Kom Ombo dedicado al dios cocodrilo Sobek y en Edfú el templo del dios Horus el dios Halcón.

Pero la joya de los templos son,  sin duda, los de Abu Simbel. La visita obliga a darse un madrugón pues se sale a las 4 de la mañana en un convoy que sale como la carrera de los autos locos, a ver quién llega antes a través de una interminable carretera por el desierto, pero que nos regala ver el amanecer en el desierto. Es impresionante. Luego llegas a Abu Simbel y piensas que merece la pena hacer tantos kilómetros.

Abu Simbel fue construido por Ramses II para conmemorar su gran victoria en la batallase de Kadesh, para mayor gloria personal  como dios y faraón todopoderoso y el de su mujer Nefertari. Impresiona la fachada del gran Templo de Ramses II con sus 4 estatuas sedentes y la cámara donde está el faraón y los dioses Amón, Ra y Ptah. Esta Cámara se construyó de modo que 2 veces al año se ilumina con los rayos del sol y  excepto la estatua del dios Ptah, el dios relacionado con el inframundo (Duat), que siempre permanecía en penumbra. Esto se ha mantenido incluso después de que se trasladara el templo por la construcción de la presa de Asuán.

De regreso a El Cairo lo primero que llama la atención es el gran tráfico que hay. En realidad la ciudad es un atasco permanente y sólo queda tener paciencia en los desplazamientos del centro a la zona de pirámides.

El recinto de Gizeh, donde están las 3 pirámides más conocidas y la esfinge es tan impresionante como te has imaginado siempre, pero estar al lado y poder tocar las piedras de esas maravillas construidas hace más de 3000 años te da un subidón de energía.  Además que se puede entrar en ellas si no tienes claustrofobia.

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También impresiona la esfinge de Gizeh aunque el estar rodeado de buscavidas que intentan sacarte el dinero ofreciéndose a hacerte fotos graciosas con la esfinge le quita un poco de encanto al momento.

Más visitas a hacer en el Cairo son las iglesias del barrio donde viven los cristianos Coptos. Es un barrio muy protegido por la policía pero que se debe visitar. La Iglesia colgante y el museo copto no se deben dejar de visitar y la Iglesia de San Sergio, en la que está la cueva donde se escondió la Sagrada Familia mientras estuvo en el Cairo.

El Cairo necesitaría una semana para ser visitado completamente, desde el Museo más famoso para cualquier amante de la egiptología, así como para perderse por el mercado Jan el-Jalili y tomarse un té en el famoso Café de los Espejos donde pasaba las tarde el escritor premio Nobel  Naguib Mahfuz .

Bueno será cuestión de volver a este gran país. Y ya sabes “Viajar es la única actividad que cuesta dinero pero vuelves más rico”.

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