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Transilvania: donde no todo es Drácula

Por Transilvania y el resto de Rumania han transitado, a lo largo de los siglos, múltiples pueblos que dejaron su poso en la historia, cultura, religión y lenguas del país. Pero por lo que todo el mundo la conoce es por ser la cuna de Drácula, de quien hablaré después.

Rumanía, además de ser una sorpresa cultural, tiene unos preciosos paisajes naturales dignos de descubrir. Desde las montañas de los Cárpatos a la desembocadura del río Danubio en el Mar Negro, en Constanza.

La capital, Bucarest, es una ciudad anodina en general, de grandes obras públicas como el Palacio del Parlamento, el 2º edificio más grande del mundo después del Pentágono de Washington. Se construyó para mayor grandeza del dictador Ceaucescu en la época comunista.

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En Bucarest no faltan museos, hay varias decenas y todo tipo. Museos de arte, militares, históricos, de música, de cultura rumana, etc.

Hay grandes avenidas que desembocan en los lugares más representativos de la ciudad, como el Arco del Triunfo, la Plaza de la Revolución y la Plaza de la Universidad. Pero también tiene un casco antiguo que están recuperando y en sus calles se puede descubrir pequeñas Iglesias y monasterios y además el Palacio del Patriarcado Ortodoxo.

Naturalmente por la noche tienes un montón de sitios para comer y salir de fiesta, ya que hay una buena “movida” en Bucarest.

Desde la capital partimos hacia Sinaia, la Perla de los Cárpatos, pequeña ciudad en plena naturaleza, con pistas de esquí, rutas de senderismo y muchas actividades deportivas.

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La joya de Sinaia es el Castillo de Peles, construido por el primer rey de Rumanía, Carlos I a finales del S.XIX.  Es en realidad un palacio con toques sajones con una decoración sorprendente. En él se alojaron los 4 reyes rumanos que ha tenido el país, hasta que en la II Guerra Mundial hicieron abdicar al último rey Miguel I, que murió en el exilio en diciembre de 2.017.

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Brasov es la siguiente parada. Localidad medieval donde se visita el barrio antiguo de Shei, la Iglesia Negra y la primera escuela de Rumanía (S.XV). Es una población preciosa donde merece la pena perderse por sus callejuelas y plazas. Y se puede subir en teleférico al monte Tampa desde donde hay unas vistas espectaculares.

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Llegamos luego a Sighisoara, con una magnífica ciudadela medieval que es Patrimonio de la Humanidad con su Torre del Reloj, la Iglesia romano-católica, el túnel de la escalera, etc. Pero por lo que se recuerda Sighisoara es por ser la ciudad natal de Vlad Dracul, el sanguinario y vengativo príncipe del S.XV, cuya historia de empalador de los enemigos turcos, dio pie al escritor Bram Stoker a inventarse el personaje de Drácula. El Castillo de Bran se vende como el castillo de Drácula, pero naturalmente es un lugar turístico sin mucho interés en realidad.

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Otra preciosa localidad Transilvana el Sibiu, también cuenta con una parte medieval donde destacan la Plaza Grande y la Plaza Pequeña y la imponente iglesia evangélica del S.XIV. Esta ciudad es visitada por personas que quieren darse tratamientos con Gerovital, que se supone que rejuvenece a quien lo recibe. Habrá que ir por si acaso.

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Rumania tiene, en Bucovina, algunos de los monasterios ortodoxos más bonitos de Europa y que son Patrimonio de la Humanidad. Los más famosos son los de Sucevita, Moldevita y Voronet (conocido como la Capilla Sixtina de Oriente). Merece la pena visitarlos.

Hay otros sitos interesantes en Rumanía por lo que tendré que volver a visitar este magnífico país que te recibe con los brazos abiertos y que es poco valorado por los españoles.

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Y ya sabes “Viajar es la única actividad que cuesta dinero pero que te hace más rico”.