OPINIÓN

Somos responsables

Un día, hace mucho tiempo, paseando con mi mujer por el centro de Marbella, concretamente por la Avenida Ramón y Cajal, muy avanzada la noche, íbamos comentando: ¡Qué tranquilidad! Casi sentíamos miedo, por aquellas calles solitarias. 

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Cuando en esto, aparecen dos matrimonios paseando igual que nosotros, disfrutando de aquella serena tranquilidad. Esto no es frecuente -les dijimos-. Sí, -contestaron- en Marbella se puede andar por la calle sin miedo a encontrarse con “robagallinas”.

“Está contento el del quiosco, el del bar, el tendero, el paseante”, -decían-. “Dirán lo que quieran del gilismo; sabemos lo que están haciendo y como lo hacen, pero eso al ciudadano de a pie no le importa; lo único que quiere es vivir bien y tranquilo”. Se equivocan Vds., les dijimos nosotros. Eso se destapará algún día; eso explotará, y dejará una bola imposible de asimilar por las generaciones futuras. Así ha sido, desgraciadamente. Tardó 15 años en explotar. Pero explotó.

Podíamos repetir la historia en la Comunidad Valenciana o en la de Madrid, entre otros, por ejemplo. Todo el mundo sabía, que la corrupción estaba implantada hasta debajo de las camas, pero los seguían votando. “A mí que no me cuenten historias”, -razona equivocadamente un sector de la sociedad- “Ahí está lo que han hecho” “Cómo y de qué manera no me importa”. Y seguían ganando elecciones.

¿Esto lo van a corregir los partidos? No. Los dirigentes que debían hincar el diente, no lo hacen porque están enganchados en la misma rueda. A los de arriba y a los de abajo les va la marcha. ¡Dame pan y dime tonto! Dicen algunos: “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer; de ese sabemos lo que ha hecho”.

Solo el ciudadano puede acabar con esta inercia. La democracia nos obliga a preparar nuestro voto; nos obliga a buscar al político capaz, que los hay, de hacer la Ciudad de las Artes y las Ciencias, o de soterrar la M-30, sin que el coste se triplique, sin que los bolsillos se llenen, sin que aumenten los clientes en bancos de Andorra, Suiza, Panamá o Gibraltar. La democracia nos obliga a encontrar el político de actitud sencilla, limpio y transparente, que rinde cuentas. Somos todos responsables.

Julio García-Casarrubios Sainz

http://juliocasarrubios.blogspot.com