OPINIÓN

Notas desde la barrera Cap. XXI: “El dolce far niente”

En “El viejo y el mar”, Hemingway teje un grandioso monólogo de un pescador en lucha contra un pez. En ese monólogo sobresale una frase extraordinaria: “No es el momento de pensar en lo que no tienes. Piensa en lo que puedes hacer con lo que hay”. Esta frase por sí sola constituye una gran lección de realismo y sabiduría, y debería ser suficiente para infundir coraje en aquellos que se rinden ante la primera dificultad. O antes incluso. Tras el fracaso que supuso la última cita electoral, Mariano Rajoy se ha instalado en lo que mejor sabe hacer: nada.

pedro sanchez y pablo iglesias

Se ampara una y otra vez en que el PP ha ganado las elecciones y que por tanto debe ser él quien gobierne. Sin embargo la realidad, que siempre es tozuda, dice que si quiere volver a hacerlo tiene que ponerse de inmediato a buscar acuerdos con otras fuerzas que le permitan al menos ser investido. Debe dejar de lamentarse y ponerse a trabajar en lograr acuerdos. Tiene que dejar de  pensar en lo que no tiene y tratar de buscar qué puede hacer con lo que hay.

Ha pasado un mes desde las elecciones, y cualquiera diría que a estas alturas deberíamos tener noticias constantes de reuniones del PP con otros partidos, poniendo propuestas en lo alto de la mesa y escuchando sus demandas. Sin embargo nada de esto se produce, y llama poderosamente la atención que el único partido que se está moviendo para investir a su candidato es el PSOE. Un candidato por el que pocos apostaban incluso dentro de su partido y que hilo a hilo está empezando a construir una red de apoyos que posiblemente le lleven a la Moncloa. Ante esto, Rajoy sólo ha sido capaz de lanzar una nebulosa oferta de “gran coalición” sin propuestas concretas y negándose a pactar en aquellas cuestiones que los demás tienen mucho interés en discutir: la reforma laboral, la ley mordaza y la reforma de la Constitución.

Se queja Mariano Rajoy de que Pedro Sánchez se niega a hablar con él, pero tampoco da la impresión de que se haya intentado en serio. Se lamenta de que el PSOE haya puesto su línea roja en el PP, sin caer en la cuenta de que el PP ha puesto su propia línea roja en la cabeza de Rajoy. Y es que el Presidente parece más preocupado en sobrevivir políticamente a la debacle que en buscar fórmulas que permitan que su partido repita en el Gobierno. Sólo o acompañado. Con o sin él presidiéndolo. La única afirmación categórica que se le recuerda después de las elecciones es que se presentará al siguiente congreso del partido para seguir dirigiéndolo, síntoma claro de que ante todo quiere salvar su propio pellejo. Y más teniendo la convicción de que, si finalmente se realiza la “gran coalición”, será sin él.

Tacha el Presidente a Pedro Sánchez de irresponsable por buscar apoyos de independentistas y radicales. Hay que reconocer que es una mejora en la calificación del líder del PSOE, porque hace diez días lo daban por muerto políticamente. Y desde luego no ayuda en nada este tipo de declaraciones si realmente Rajoy quiere pactar con él. Ni siquiera ha sido capaz de negociar directamente la composición de la Mesa del Congreso y todo ha debido hacerse con la mediación de Ciudadanos. Todos estos indicios apuntan claramente a que lo único que le queda al PP es forzar un debate de investidura condenado al fracaso con el fin de que empiecen a contar los plazos, con la esperanza de que Pedro Sánchez no logre formar una coalición de gobierno antes de que pasen los dos meses que la ley da antes de disolver las Cámaras. Parece que Rajoy lo fía todo a unas nuevas elecciones y a que sus resultados mejoren, por mucho que con la boca pequeña diga que es un fracaso que la cita electoral se repita.

Pero mucho me temo que otra vez el tiro le saldrá por la culata. Pedro Sánchez se ha dado cuenta de que tiene todas las llaves y que sólo le falta encontrar la cerradura. Por mucho que se censure que preste senadores, y por mucho que se critiquen sus componendas con Podemos, Sánchez está en camino de lograr convertirse en nuevo Presidente del Gobierno. Y el mejor signo de todo esto es que cada vez encuentra menos contestación dentro de su propio partido y sobre todo de Susana Díaz, que a fuerza de ver pasar trenes esperando al adecuado terminará quedándose en el sur. Sí, Sánchez ya ha logrado el apoyo explícito de PNV y Coalición Canaria y la abstención activa de los grupos catalanes. Sólo le falta sellar un acuerdo con Podemos que, en contra de lo que muchos piensan, está más cerca de lo que se cree. Porque la retirada del derecho a decidir que la formación morada defiende permitirá a éstos vender que se ha hecho una enorme concesión y al PSOE vender que con la unidad de España no se juega. Unos darán la imagen de tolerantes y otros de buenos negociadores, y tanto uno como otro podrán mostrar ante la opinión pública la imagen de grandes estadistas. Todos ganan y Rajoy pierde.

Después de demasiadas citas electorales en las que el PP se desangraba, fueron  muchos los que advirtieron de que, de victoria en victoria, Rajoy caminaba firmemente hacia la derrota final. Tras cada fracaso, el Presidente argumentaba que su partido había ganado en votos y que sólo un pacto de perdedores privaba a su partido de gobernar. Ahora que se repite la historia se sigue manteniendo la excusa. Pero es evidente que esta vez no vale, porque tras cada advertencia, tras cada aviso, Rajoy se limitaba a tomar nota y después hacer lo que mejor sabe: nada. Y eso que mejor sabe hacer le costará el gobierno y quién sabe si arrastrará con él la recuperación económica que tanto esfuerzo ha requerido de la sociedad. En una época en la que se necesitan políticos y no gestores, Mariano Rajoy no ha dado la talla. Está claro que el Presidente ha leído poco a Hemingway y demasiado a Sun Tzu, que en su “Arte de la guerra” sostenía que “El buen general gana antes de combatir”. Pero mucho me temo que lo ha entendido mal. Como casi siempre. Y que se ande con cuidado con lo único que le interesa, su pellejo; porque los cuchillos empezarán a afilarse en el PP. A este paso, sólo quedarán marianistas en las procesiones de la Virgen. Y casi que hay que dar gracias a Dios por ello.