OPINIÓN

Notas desde la barrera Cap. XXIV: Sé fuerte, Rita

En todos los procesos judiciales se repiten siempre varios personajes. El arrepentido que todo lo cuenta por escrúpulos de conciencia (o por rebajar su propia condena), el abnegado que carga con todo para exculpar a un superior o una organización, y el despechado que acaba delatando a los culpables por no sentirse lo bastante querido o respaldado.

Rita barberá

De todos estos personajes, sin duda el despechado es el más peligroso. Actúa normalmente movido por celos o por odio, y eso lo hace extremadamente imprevisible. Además, esa motivación hará que no se detenga ante nada con tal de vengarse de aquellos que piensa que lo han traicionado, y por tanto hará que saque a la luz todo lo que tenga guardado. Todo ello con gran zozobra de todos aquellos a los que hasta anteayer servía con devoción. Suele este personaje poseer gran cantidad de información, de esa que es capaz de hacer saltar por los aires lo que todos hasta entonces consideraban una reputación intachable, una vida ímproba o una abnegada labor. Sí, sin duda es mejor guardarse de la furia de alguien que no se siente valorado, de aquel que percibe que van a emplear como cabeza de turco o de quién tiene celos ante los mimos que hoy recibe otro y ayer eran suyos.

Es de este tipo de personajes los que el PP no ha sabido manejar hasta ahora. Famoso es el SMS en el que Rajoy pedía a Bárcenas que resistiera las presiones ante su inminente inculpación. Aquel “Luis, sé fuerte” bien pudo estar motivado por el miedo del Presidente a que el antiguo tesorero sacara a la luz prácticas y hechos cuando menos reprobables, y que podrían inculpar no sólo a la cúpula del partido, sino a toda la organización en sí misma. Pero como decía, Rajoy no ha sabido o no ha podido gestionar bien los celos de Bárcenas, y ahora la sospecha se ha instalado entre la gente cuando ve las siglas PP y una gaviota encima. Los desprecios a los que ha sido sistemáticamente sometido el ex-tesorero por parte del partido en un esfuerzo por marcar distancias con él lo ha llevado a desembuchar mucho más de lo que para el PP habría sido deseable. Y sin duda pasará factura a un partido que ve como los casos de corrupción se multiplican a su alrededor.

Porque lo que viene ahora puede dejar el caso Bárcenas en una broma. Por un lado, Jaume Matas puede empezar a cantar en el juicio del caso Noos y confesar que la adjudicación de la obra del Hospital de Son Espases fue a cambio de una generosa donación en negro para la reforma de la sede del PP en la calle Génova de Madrid. Por otro, ha sido imputado como organización en el caso de la destrucción de los discos duros del ordenador de Bárcenas, cosa inédita hasta ahora en España. Pero lo que más inquieta sin duda a la cúpula del partido son las revelaciones que puedan salir de la instrucción del caso Imelsa, en Valencia. Se dice pronto, pero todo el grupo municipal en el Ayuntamiento de la capital valenciana, amén de sus asesores, se encuentran imputados por delitos que van desde la financiación ilegal hasta el blanqueo. Un total de ¡34 personas! Todos… menos Rita Barberá. Y la razón de que no lo esté no es ni más ni menos que por su condición de Senadora, que la hace aforada. El juez instructor, Vicente Gómez, sabe que una imputación hacia la ex-Alcaldesa haría que toda la instrucción pasase al Tribunal Supremo y perdería el control de la investigación. Por eso Barberá no se encuentra entre los imputados… aún.

¿Y cómo está reaccionando ante esta situación el Partido Popular? Pues por lo que parece lanzando mensajes contradictorios. De una parte, pide a Rita que dé explicaciones y que renuncie a presidir la Comisión Constitucional del Senado. De otra parte, la hace miembro de la Comisión Permanente para blindarla en caso de que hubiera una repetición de elecciones. Es decir, por un lado quiere apartarse de ella ante la posibilidad cierta de que tenga que pasar por los tribunales y por otro la protege con el ánimo de que no se vaya de la lengua y la porquería empiece a salpicar más arriba. Está haciendo con ella lo que en su día realizó el PSOE con Chaves y Griñán, algo que la formación de la gaviota tanto criticó. Estos pasos son el equivalente a ese “Luis, sé fuerte” que en su día hizo que todo un Presidente del Gobierno tuviera que comparecer ante el Parlamento para explicar por qué apoyaba a alguien investigado por corrupción. Y mucho me temo que esta vez tendrá el mismo éxito que entonces: nulo. Y lo que es peor, hace a Rajoy poco creíble cuando dice que con él se han tomado más medidas anticorrupción y más contundentes.

Cuando los casos de corrupción proliferan como setas alrededor de una organización política, cuando no hay día en que no se conozca algo nuevo sobre prácticas poco éticas (o directamente ilegales), cuando muchos de sus líderes  que braman contra el resto de partidos por sus casos de corrupción aparecen al poco tiempo implicados ellos mismos en cosas peores, es que ha llegado un momento en que es mejor cortar por lo sano con esos dirigentes y que sean sustituidos por nombres y caras nuevas, pero sobre todo limpias. Si a eso sumamos la manifiesta torpeza del candidato Rajoy eludiendo presentarse a una sesión de investidura, estamos ante una necesidad palmaria de renovación a todos los niveles. El Partido Popular necesita mucho más que renovarse, necesita refundarse. Requiere cortar lazos con un pasado que sólo trae a la mente de la gente recuerdos de corrupción y delito. Es imprescindible que se haga menos antipático a los ojos de los votantes y de los otros partidos, lo que le permitiría llegar a acuerdos y pactos ante situaciones como la que ahora vivimos, en la que ha ganado las elecciones pero está imposibilitado de gobernar porque nadie quiere hablar con ellos. Necesita, en suma, poner el contador a cero y empezar de nuevo.

Esa renovación sólo podrá llegar haciéndose más participativo, más democrático. Dando voz y voto a sus militantes. Haciendo que sus bases hablen y sientan que son escuchadas. Todo eso no ha pasado hasta ahora, porque los cargos bajos e intermedios eran producto de conspiraciones de salón y acuerdos entre ellos mismos, sin escuchar a los de abajo. Créanme, sé de lo que hablo. Este es el único camino para no ser devorado por los acontecimientos y ser sobrepasado por otras opciones más jóvenes, más frescas y sobre todo más limpias. Es el momento de hacerlo, porque esperar más sólo llevará a más casos de corrupción revelados a la luz pública, más rechazo y finalmente más aislamiento.

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