OPINIÓN

Notas desde la barrera Cap. XXVI: Mejor una conspiración

Decía Jonathan Swift que “cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. Algunas personas y organizaciones viven constantemente con esta frase presente en sus pensamientos, en la creencia de que sólo ellos son los buenos mientras los demás son los malos; de que ellos son genios rodeados por una conspiración de necios.

rajoy

Algo así es lo que debió pensar el Ministro del Interior cuando dijo que le llamaba la atención que las actuaciones judiciales contra la corrupción sólo afectaban al PP en este momento tan delicado de la realidad política española. Supongo que el Ministro mete también en sus declaraciones a los medios de comunicación por dar esas noticias, al resto de partidos por jalearlas y los ciudadanos por creerlas. Según Fernández Díaz, todos los necios están conjurados contra el PP con el único propósito de que Rajoy no gobierne. Una teoría de la conspiración en toda regla. Eso sí, cuando se le pidieron explicaciones por lo que declaraba, el Ministro se limitó a escurrir el bulto y a decir que no quería decir más de lo que había dicho; curiosa forma de lanzar la piedra y esconder la mano.

Y curiosamente también, a Jorge Fernández Díaz se le escapó que esas mismas declaraciones eran las que hacían desde el PSOE cuando, antes de las elecciones andaluzas, empezaron a salir informaciones sobre los casos de los ERE y los cursos de formación: “Todo es una conspiración contra nosotros, no se crean nada” decían desde Pedro Sánchez hasta Susana Díaz. Así que las palabras del Ministro son lo que podríamos considerar un clásico. Siempre es más atractiva para tus seguidores una buena teoría de la conspiración basada en pruebas circunstanciales que afrontar un problema, porque permite no pensar en la solución; la culpa es de los demás, que me tienen manía.

Parece sin embargo que ni en su mismo partido parecen estar muy de acuerdo con el Sr. Fernández Díaz. Poco después comparecía Pablo Casado para decir que no había que matar (sic) a los jueces. Así que, si no se trata de una táctica tipo “poli bueno, poli malo”, pocos en el PP están de acuerdo con esa conjura. Claro que la intervención del joven Vicesecretario nos dejó otro clásico, cuando habló de que el problema eran cuatro golfos que se aprovechaban del partido. Nuevamente es mejor echar la culpa a unos cuantos desaprensivos que pensar en soluciones, y todo a pesar de la evidencia de que los últimos casos destapados se acercan más al descubrimiento de una organización mafiosa que a casos aislados de choriceo. Lo último, las informaciones de algunos medios de que el modus operandi del blanqueo madrileño y valenciano es extrapolable al funcionamiento del PP a nivel nacional. Igual es que no son cuatro golfos sino los cuarenta ladrones del cuento de Ali Babá los que tenían carné del partido.

Algo en claro, sin embargo, sí que hemos sacado de la intervención de Casado: el cabreo que mucha gente siente dentro del PP no sólo por la corrupción sino además por la forma de afrontarla. La frase más llamativa fue sin duda la que pronunció el Presidente del PP en Vizcaya cuando afirmó estar “hasta los cojones de la corrupción”. Y desde luego no ayuda mucho que el Presidente del Partido pida a los suyos en el Comité de Dirección que tengan serenidad ante la corrupción, porque no es lo que podríamos llamar una medida contundente. Igual debería pedir a muchos de sus cargos, en lugar de serenidad, que no cayeran en la corrupción. Directamente. Pero por supuesto lo mejor sería que, como pide Casado, se hiciera una enérgica purga dentro del PP para echar las manzanas podridas fuera del cesto. Que a este paso van a ser más que las sanas.

No parece muy por la labor Rajoy de hacerlo. Preguntado en una televisión al respecto dijo que no se podía ser injusto y empezó a continuación a enumerar una larga lista de casos de personas imputadas y finalmente absueltas. El gran error de esta declaración de tibieza es que la sociedad no aguanta más casos, más escándalos, más podredumbre. Es necesario cortar por lo sano, por muy injusto que sea para algunos, porque es la única forma que tiene el PP de sobrevivir al tsunami. Y si Rajoy no puede o no quiere, debería dar un paso atrás y dejar que alguien que sí pueda lo haga. No sólo con los chorizos, sino también con aquellos que se comportan de forma poco ética. Les pongo un ejemplo: los dos últimos Presidentes del PP en Ciudad Real fueron multados por el Banco de España por su gestión en CCM; y ahí siguen, uno como Senador y la otra como Vicepresidente del Congreso. Esto sí que es muy llamativo, sobre todo comparándolo con lo que pasó hace unos días en Jaén el seno de Ciudadanos. Sus tres concejales se subieron el sueldo en 10.000€ anuales, y la reacción del partido naranja fue expulsarlos y pedirles su acta de concejal. ¿Ven la diferencia en la actitud de unos y otros?

La frase que abría este artículo es la sustentadora de una magnífica novela de John Kennedy Toole llamada ”La conjura de los necios”. En ella aparece otra frase no menos esclarecedora: “Dicen que la vida se puede recorrer por dos caminos: el bueno y el malo. Yo no creo eso. Yo más bien creo que son tres: el bueno, el malo y el que te dejan recorrer”. Quizá Rajoy esté en el camino que le dejan sus deudas atrasadas con sus dirigentes, pero por lo mismo no debería llevar con él a un partido que corre el riesgo de quedar condenado a la irrelevancia por su tibieza y su galleguismo. Corre el riesgo de pasar a la historia como el hombre que liquidó al PP. Y más de siete millones y medio de votantes no se lo perdonarían.

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