OPINIÓN

Notas desde la barrera Cap. XXXI: Miguel Hernández redivivo

Una de las mejores cosas que ha podido inventar el hombre es la diversificación del trabajo. Gracias a que eran unos pocos los que se dedicaban a proveer de alimentos a los demás, se consiguió que hubiera personas que pudieran aplicarse en otras tareas como la fabricación de cerámica y vestidos, la elaboración de herramientas o incluso sólo al noble arte de pensar, lo que propició la invención de la escritura y el nacimiento de la cultura humana. No cabe duda de que sin la división del trabajo, la Humanidad no sería ahora tal como es.

En Podemos han tomado buena nota de los buenos resultados de este invento y lo han llevado también a la práctica. Por una parte, hay algunas cabezas que piensan y sólo una que embiste, aunque eso sí, esa cabeza vale por todas; me refiero, naturalmente, a Andrés Bódalo. Por otra parte, hay algunos que piensan antes de hablar y muchos que hablan sin pensar siquiera; y me refiero, por supuesto, a Teresa Rodríguez y su comparación de Bódalo con Miguel Hernández.

Hay que reconocer que esta no ha sido la comparación más delirante que se le ha hecho a este personaje. Ha sido equiparado a Gandhi e incluso a Jesucristo. Pero sin duda las palabras de la líder podemita andaluza han sido las más celebradas no sólo por la chorrada que suponen sino porque las puso en una conocida red social, de forma que quedaron negro sobre blanco para la posteridad. Hay que decir que no se tiene constancia de que le diera la risa floja mientras lo escribía, así que podemos concluir que hizo la comparación en serio. Que alguien que escribe tontería semejante sin sonrojarse sea la cabeza visible en una Comunidad Autónoma de un partido que dice tener aspiraciones de gobierno, hace que meditemos seriamente si no sería mejor que jamás tuvieran la más mínima opción de gobernarnos.

Que el que perpetra unos versos de Machado escribiendo “caminante no hay camino, se hace camión (sic) al andar” sea comparado con Miguel Hernández no deja de ser una anécdota si vamos al fondo de la cuestión, que es que ha sido condenado en firme por coser a puñetazos y patadas a otra persona. En efecto, al grito de “ahí viene el Ibarra, a por él” se abalanzó junto a otros contra un edil de Jódar con el resultado de que el pobre Ibarra tuvo que recibir asistencia médica. El que esta agresión se hiciera en el contexto de una protesta reivindicativa no cambia el hecho de que no se pueden defender las ideas con la violencia. Así que llama mucho la atención el que destacados dirigentes del partido (encabezados por Pablo Iglesias) pidan el indulto para este animal. Y lo hacen siguiendo el manual del perfecto populista.

En efecto. Se dice que han encarcelado a este personaje por protestar, cosa que no es cierta: lo han encarcelado por agresión con reincidencia. Se dice que con esta condena se quiere acallar la lucha social, y tampoco es verdad: se pueden ejercer los derechos de huelga y manifestación siempre y cuando se respete a los demás. Y se dice también que antes deberían estar otros en la cárcel (se habla de Barberá, Rato y otros), algo que ejemplifica que mezclar churras con merinas es la mejor forma de revolver las aguas para confundir a los flojos de mente. Nada como cuatro consignas de bella factura apelando a los bajos instintos para que toda la turba se lance en masa a defender lo indefendible. Y no nos atrevamos los demás a llevar la contraria, que seremos tachados de “farcistas” (en palabras del nuevo Miguel Hernández) y cosas peores. Cuando el populismo entra en escena, la razón no tiene sitio y debe salir huyendo.

Poco antes de entrar en la cárcel, el tal Bódalo ha exigido (han leído bien) que se le indulte y que aquel que “tenga mano que le ayude”. Acostumbrado al enchufe y a la subvención clientelar, cree este delincuente que se podrá hacer un apaño para poder librarse y sin duda poder seguir cometiendo tropelías luego. Es lo malo de los que se llenan la boca de democracia y no tienen ni idea de lo que esa palabra significa, que se creen que todo vale. Pero sin duda lo más triste no es que este animal diga idioteces; lo peor es que muchos aplauden las tonterías que salen de su boca y de la de otros que, en nombre de la libertad, sólo pretenden acabar con ella.

Ayer hemos podido sacar de las calles a una mala bestia. Al menos durante algún tiempo. Lo malo es que quedan muchos energúmenos sueltos dispuestos a continuar el legado de este nuevo Miguel Hernández con gorra de estrella roja. Gente que asaltará supermercados para “despropiar” (otra palabra del poeta) lo que le venga en gana en nombre de eso que ellos llaman justicia social. Yo, mientras tanto, espero con ansiedad los versos de este Miguel Hernández de pacotilla desde el trullo. Ahora que oficialmente he entrado en la caverna mediática con este artículo, al menos disfrutaré con sus poemas: “Caminante no hay camino, se hace camión al andar”. Sencillamente sublime.

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