OPINIÓN

Pisa el freno

De vez en cuando, hay que decir aquello de “Pisa el freno Madaleno”. Nos atrapa el enfado por el tacticismo de los partidos, y peor aún, por la corrupción cada vez más insoportable. No nos deja ver el bosque; no nos deja analizar la clave del debate político; no nos deja ver la crisis política que nos invade. Sin escabullirse del problema, que lo es, y muy grave, del tacticismo y de la corrupción, debemos detenernos un momento para ir al origen de los problemas: “la crisis política”.

Tengo un libro escrito sobre “La Regencia”. Pero, a pesar del título, en realidad “utilizo” a María Cristina de Habsburgo, como pretexto para detenerme en la dicotomía Cánovas-Sagasta. En las diferencias ideológicas, -que las había-, pero sobre todo en la incapacidad de desembarazarse de los tacticismos, de las inercias y de los caciquismos, que los hacían en cierto modo iguales. Y esa fue principalmente la razón del fracaso del “Regeneracionismo”. No supieron, o no quisieron, centrar sus políticas en sus idearios y se dejaron llevar por sus intereses partidistas.

Eso es, precisamente, lo que está pasando hoy. Sí, hoy mismo. Si Cánovas y Sagasta, si conservadores y liberales, hubiesen defendido sus diferencias y hubiesen basado sus políticas en sus identidades, la sociedad se hubiese enriquecido, y se habría logrado el tan ansiado “Regeneracionismo”, que a la postre se quedó en una entelequia. Y no fue lo peor que se quedara en nada, sino que más bien contribuyó a empeorar gravemente la situación. No arreglaron los problemas que de verdad afectaban a los ciudadanos, sino que derraparon hacia una trayectoria nefasta.

Si hoy estuviéramos centrando la vida política, y la lógica aspiración al poder, en la diferencia del conservadurismo capitalista, defendido falazmente por la actual derecha, y la socialdemocracia, erróneamente interpretada por algunos políticos que se dicen de izquierda, le estaríamos haciendo un tremendo favor a la democracia y a la sociedad. Pero no. Dejan en segundo plano, las esencias éticas e ideológicas, y se centran en los intereses partidistas, en luchar por el sillón, y hasta en llenarse los bolsillos con el dinero de los demás. Así, ni se arregla la crisis, ni el bienestar, ni el problema autonómico, ni la desafección política. Vamos claramente a peor.