SALUD

Visibilizar la salud mental a través de los enfermos, familiares y el Centro de Rehabilitación Psicosocial de Valdepeñas

Usuarios, familiares y profesionales
Usuarios, familiares y profesionales

El jueves 10 de octubre se celebraba el Día Mundial de la Salud Mental, que este año se centra en la prevención del suicidio. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), este día es una oportunidad para "concienciar y movilizar a la población acerca de cuestiones relativas a la Salud Mental".

Esta mañana Actualidad Valdepeñas, invitados por el Centro de Rehabilitación Psicosocial y Laboral de Valdepeñas (que actualmente tiene 91 usuarios), y con el objetivo de visibilizar y dar a conocer lo que son las enfermedades mentales, a través de los propios enfermos y familiares, hemos pasado un ratito con ellos para entender y transmitir cómo son estos pacientes y cómo viven su día a día, tanto ellos como sus familias.

Yolanda Aller, Davinia Butenegro y Lourdes López-Tello, profesionales del Centro, nos cuentan que lo que se pretende invitando a los medios de comunicación es sensibilizar y quitar el estigma sobre la salud mental, contando experiencias, haciendo visible lo que es la enfermedad mental.

Yolanda Aller, responsable del centro ha explicado que "habitualmente las vivencias que ellos tienen se hacen visibles a través de los profesionales, pero nos hemos dado cuenta que es más importante que sean los enfermos y sus familias quienes cuenten sus propias experiencias. Las familias están siempre ahí, pero en segundo lugar y desde este centro creemos que es importante que ellos manifiesten sus experiencias y vivencias en primera persona como familiares". Aller, que es Psicóloga, cuenta que ".a evolución que les da estar en Centros especializados ha conseguido que los enfermos mentales que han sido cuidados por sus familiares, según pasan los años son ellos quienes cuidan a sus padres o sus parejas. En definitiva, lo que se hace con estas personas en este Centro es ayudarles a integrarse en la sociedad".

Para Davinia se trata de ver al familiar más que como cuidador, como acompañante: "Antiguamente la enfermedad mental estaba más estigmatizada y ahora el enfoque está yendo hacia el empoderamiento que la persona pueda decir cómo lo vive, como lo siente, que necesita, tanto el enfermo como la familia".

Lourdes habla del trabajo que se realiza con estas personas: "Cuando llegan aquí hacemos una valoración, un trabajo en equipo con distintos profesionales y áreas, y en función de eso se les deriva a los programas, siempre que ellos quieran estar en esos programas, porque saben lo que les gusta o no".

Vivencias de usuarios y familiares

Tras conocer las instalaciones del Centro de Rehabilitación Psicosocial y Laboral de Valdepeñas,  donde también tienen un huerto que igualmente supone una buena terapia para los enfermos, entramos a una gran sala con una mesa central alrededor de la cual nos esperan usuarios y familiares, con los que compartimos charla sobre sus experiencias.

La primera usuaria, que padece depresión recurrente, nos cuenta que lleva en el Centro de Rehabilitación desde que se abrió "soy la segunda que entró". Esta mujer, que prefiere permanecer en el anonimato explica que gracias a estar "en este lugar mi vida ha cambiado totalmente, desde que estoy aquí y hago actividades tengo ganas de salir de mi casa y arreglarme. Es una obligación diaria venir y es lo que me ha hecho poder salir adelante, porque yo estaba muy mal. Los cursos, la escritura, la terapia, talleres de cocina, manualidades... me ha ayudado mucho y me ha abierto la mente. Incluso me ha ayudado a encontrar trabajo. Esta es mi segunda casa". Considera que la sociedad es muy cruel cuando sabe que una persona padece una enfermedad mental.

Respecto a los familiares, el padre de una joven con depresión (20 años con la enfermedad) ha contado su experiencia desde el punto de vista de la familia y ha puesto en valor el trabajo de los profesionales del Centro: "Mi hija lleva viniendo aquí muchos años y le ha ido muy bien. Si tú la ves no parece que tenga ningún tipo de enfermedad y cuando se pone a trabajar se encuentra muy realizada. Tiene depresiones muy grandes". Este padre, explica que al principio "tú no detectas la enfermedad y tampoco estás preparado para ello. En el caso de mi hija lo notamos cuando acabó el bachillerato y le dijimos que se fuera a estudiar una carrera a Madrid, donde se encontraba su hermana y dijo que no, que no podía, que era imposible, lloraba, fue muy duro. Como padres le dijimos que si no quería estudiar tenía que trabajar, se fue a Madrid a trabajar y tuvimos que traerla de vuelta, fue fatal". Para Ángel, que así se llama el padre de la joven, el principio de esta enfermedad, hasta que te acostumbras y te mentalizas, es duro "sabemos que no tiene cura, pero tiene alivio". Respecto a lo que él le diría a la sociedad en este sentido, considera que ésta ha cambiado respecto a entender la enfermedad mental "antes a las personas con enfermedad mental se les ataba incluso, hoy eso no se da, pero hay que seguir avanzando para que la sociedad entienda a estos enfermos".

Magdalena es una usuaria que tiene depresión desde 1993: "Yo me sentía mal y me llevaron al médico, quién me diagnóstico depresión. Mi madre decía que no podía ser, puesto que yo era muy joven. Tras ir al hospital de Albacete, donde vivía, me diagnosticaron la depresión y me mandaron un tratamiento con el que me encontré muy bien. Es una enfermedad que piensas que nunca te vas a curar porque estás tan sumida en un pozo que no le ves salida a la vida, todo lo ves muy negro, te preguntas porqué te ha tenido que pasar a tí. Fijate con la mediación estaba tan bien que hasta me daba miedo ir al médico y que me la rebajara y volviera a caer otra vez. Tenía mi depresión y la iba sobrellevando. Hacía una vida normal, con mi trabajo, mis hijos... ". Para esta usuaria del Centro "llegó un momento en que no quería seguir viviendo, nunca pensé en quitarme la vida, pero muchas veces he pensado que de lo mal que estaba me iba a morir. Mi familia tenía miedo que yo intentara algo, pero les decía que no, que nunca había pensado en hacerme yo nada, ni a nadie tampoco. Lo que me salvaba era que no quería hacerme daño, no era capaz y pensaba en mis hijos y tenía que ser yo la que saliera adelante por ellos. Me sentí egoísta, sin serlo y que mis hijos me lo dijeran hizo que se me encendiera una lucecita y todo cambió. Cuando peor estaba no era capaz de comunicarme con nadie, solo con mis hijos. No quería levantarme de la cama, ni que llegara el día, ni venir al Centro. Y hoy estoy deseando que amanezca para sacar a mi perro a pasear y luego arreglarme y venirme al Centro".

Otro joven, también con depresión y el grado mínimo de Esquizofrenia, cuenta su experiencia y piensa que "dentro de nuestra enfermedad mental somos personas normales que no tenemos ningún problema ni agravio con la sociedad. Ni la dañamos, ni ella nos puede dañar a nosotros, es decir, tenemos el rol de enfermos pero dentro de nuestra enfermedad sabemos comportarnos, relacionarnos con la gente y poco a poco vamos superando los obstáculos que la vida nos pone y avanzando sobre nuestra vida diaria".

De nuevo interviene el marido de una usuaria que también padece depresión y Esquizofrenia desde hace 25 años: "Respecto a la sociedad lo que peor veo es que los familiares quieran ocultar la enfermedad, que no se entere el vecino, la familia, porque así la sociedad nunca se va a concienciar que son enfermedades como otras cualquiera". Considera que los Centros como éste son muy importantes para que los enfermos se relacionen y estén activos y más alegres como es "el caso de mi mujer".

Finalmente, Lucía, que padece depresión, agorafobia y otros trastornos, cuenta que lleva desde los 16 años en tratamiento psiquiátrico "llegué a trabajar y tener una vida normal, estaba estable pero llegó un momento que dí un bajón muy grande, no salía a la calle, solo quería estar acostada y tampoco quería vivir. La psiquiatra me derivó a este centro y todo cambió porque ya te obligas a salir de casa, te tienes que levantar, vestirte, arreglarte y durante todo el día estas haciendo actividades, ocupas tu tiempo y eso hace que salgas del pozo negro en el que estas".

Mi opinión

Como periodista decir que ha sido una experiencia muy entrañable y enriquecedora, charlar y conocer a estas personas. Escuchar sus experiencias de vida ayuda a querer seguir cambiando la sociedad. Mi primera pregunta fue: ¿Quién es el enfermo y quién es el familiar?, sinceramente, no supe distinguirlos hasta que ellos se identificaron. Son personas, con enfermedades mentales, pero con muchas ganas de luchar, por ver el día y no la noche, salir del pozo, como bien dicen ellos. La sociedad tiene que aceptarlos y entenderlos como iguales.

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