SOCIEDAD

Abuelos y Nietos, una relación de Película

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Qué sería del verano y de nuestros hijos sí por aquí cerquita no estuvieran nuestros queridos abuelos. Su presencia en la vida de los más peques siempre ha sido muy importante, pero en la actualidad el término ha sufrido un giro de 180º, pasando de “importante” a “imprescindible”.  Muchas cosas de las que la rutina se encarga de que no valoremos, día a día, no podríamos hacerlas si no fuera porque los abuelos están ahí. Y no hablamos de cosas no habituales, sino necesarias como lo es trabajar. Muchas familias no llegarían a final de mes, si en plantilla no tuvieran a los abuelos.

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En cuestión de pocos años, los abuelos han pasado de ser “los padres ausentes de los padres” a los que visitábamos los fines de semana o en verano y que nos consentían, a ser los mejores amigos de nuestros hijos, a los que cuidan, los llevan, los traen, supervisan su alimentación, se encargan de que asistan a sus obligaciones, y lo más bonito y entrañable es que se convierten en cómplices de sus pequeñas experiencias, compartiéndolas y disfrutándolas de primera mano. Parece que la vida les recompensa, pues todo lo que no han podido disfrutar con nosotros, debido a la responsabilidad que conlleva el ser padre, hoy pueden hacerlo con nuestros hijos.

Pero, ¿no es demasiada responsabilidad la que dejamos en sus manos, aunque para ellos sea algo tan bonito? A pesar de ser una experiencia enriquecedora, tanto para ellos como para los más peques, esta realidad puede acarrear consecuencias negativas.  La primera y más importante sería impedir que los abuelos puedan disfrutar, tranquilamente, de su jubilación y otra, no menos importante, la sensación que se tiene por parte de los padres que se sienten inconformes respecto a “la debilidad” con la que los niños son tratados por parte de ellos.

En muchas ocasiones los padres solemos abusar de los abuelos sin pensar en la etapa de vida que están, y en cómo puede influir esta nueva realidad en ellos. Porque aunque para ellos sea una experiencia maravillosa, se sientan útiles y rejuvenezcan tomando con alegría el rol de “nuevos padres”, no hay que olvidar que en muchas ocasiones la tarea se les pueda resistir un poco.

Por todo ello, y debido a que todos vamos en el mismo barco, todas las partes deberemos ser lo más considerados posibles. Los abuelos deberán ir en la misma línea educativa de los padres y confiando en como ellos lo hacen sin criticar, y en el caso de los padres, éstos no deberemos sobrecargarlos, respetando así sus tiempos de descanso y algo muy importante y que no deberíamos olvidar,  confiar en ellos, pues si ya nos educaron a nosotros, sabrán hacerlo igual de bien con nuestros hijos.

Pero sin importar los problemas, la relación entre abuelos y nietos es muy enriquecedora. Los abuelos les trasmiten sabiduría, experiencia, tranquilidad, cariño, estabilidad y lo más importante de todo esto es que el beneficio es mutuo, ya que los abuelos también se enriquecen emocionalmente con el contacto de sus nietos. ¿Puede haber relación más bonita y sincera? Yo creo que no...