SOCIEDAD

Angel Almansa: “No podemos quedarnos en los cargos toda la vida porque hacemos mucho daño a los pueblos”.

Angel Almansa ha sido durante seis años el Párroco de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de Valdepeñas. Tras todo ese tiempo desempeñando su labor sacerdotal en ella, ha sido destinado a la Parroquia de Argamasilla de Alba, donde continuará su labor al frente de la misma. Antes de marcharse, advaldepeñas, ha querido conocer de cerca cómo se siente y qué proyectos de futuro tiene.

Angel Almansa con el grupo de Manos Unidas Valdepeñas
Angel Almansa con el grupo de Manos Unidas Valdepeñas

¿Por qué se marcha de Valdepeñas?

El nombramiento en una Parroquia nos lo dan por seis años, y cumplido ese tiempo, si el Obispo está de acuerdo, se hace el traslado. Yo se lo pedí al Obispo, porque una de las tareas del párroco es saber cuándo su comunidad necesita una renovación, y eso es una responsabilidad que hay que saber ejercer. No podemos quedarnos en los cargos toda la vida porque hacemos mucho daño a los pueblos.

¿Qué se lleva de todo lo que ha hecho en la Asunción?

Me llevo el cariño de muchísima gente, eso es lo importante y fundamental. Es una gozada ver la ilusión de unos padres bautizando a sus hijos, unos novios consagrando el amor, de compartir el dolor de las familias que despiden a un ser querido. Son experiencias profundas que te llevas y que además creo que las he hecho con agrado y compartiendo los sentimientos de la gente.

En la Parroquia hay muchos grupos, que usted ha consolidado, ¿Qué siente respecto a ellos?

De ellos me llevo el ver que hay una Parroquia que ha crecido mucho en estos seis años y que además no son grupos inestables o temporales, sino que con D. Enrique, el nuevo Párroco, seguirán siendo grupos que funcionaran y trabajaran con alegría e ilusión como hasta ahora.

¿Qué grupos son?

Para mi es una satisfacción ver consolidados el grupo de Biblia, de Manos Unidas, de Oración de Madres, de monaguillos, que van creciendo y todavía están ilusionados y quieren seguir ahí. Todo te llena de ilusión. Ves como se ha renovado la catequesis, como se le ha dado otro aire, otro estilo de trabajar con niños. En la Liturgia de las misa de los domingos, se ve claramente. Todo eso son experiencias de satisfacción y te las llevas ya para siempre.

Como sacerdote lo tiene asumido, pero como ser humano  ¿le da pena?

Esa es la otra cara de la moneda, en seis años te da tiempo a hacer relaciones humanas y creas muchos amigos, y llega el momento de separarte y tener que comenzar de nuevo en esas tareas, y eso pesa.  Pesa el tener que dejar a la gente que se quiere y pesa el tener que volver otra vez a comenzar. Creo que aunque eso es doloroso siempre, al final es gratificante. Mi experiencia es que todavía conservo los amigos de Bolaños, de Campo de Criptana, que tengo grandes amigos en África, que contacto con ellos por carta o correo electrónico, amigos en Londres y por supuesto en Valdepeñas. Lo bueno de la separación es que de alguna forma crea amistades de verdad.

¿Conoce la nueva Parroquia?

Si, ya la he visto. Ahora mismo no tengo proyectos preconcebidos para ella. Lo que tengo que hacer es escuchar al Consejo de Pastoral, de Economía, conocer a la gente de la Parroquia, esa es la tarea principal, y por supuesto que ellos te conozcan. De esa escucha irán surgiendo las urgencias y los proyectos a largo plazo.  

Háblenos del Párroco que viene a la Asunción, D. Enrique Galán Ruedas.

Le conozco bien, estuvo conmigo en el Seminario cuando yo estudiaba primero de Teología y el sexto. Después se fue a Roma a estudiar Ciencias de la Educación, cuando volvió lo tuve como profesor el último año. Es una persona competente, trabajadora, de ideas muy claras y muy pastor. Preocupado siempre por los feligreses, viene de la Parroquia de Santiago en Ciudad Real, donde ha estado trabajando. Tiene una capacidad de trabajo admirable.

¿Qué le ha dicho la gente de su entorno cuando se enteró que usted se iba?

Hay gente que me dice que me echará de menos que no lo entienden, yo comprendo que no entiendan, son decisiones a las que no estamos acostumbrados. Estamos acostumbrados a que alguien coja un cargo y se atrinchere en el toda la vida. Los curas deberíamos funcionar de otra manera, no hay que coger el cargo para construir un pedestal y subirse encima.

¿Cómo es la Parroquia de la Asunción?

Tiene sus dificultades y más al ser de un pueblo grande, en el centro, tienes que atender a todo el mundo. Cuando una Parroquia lleva mucho tiempo sin renovase hay que hacerle cambios rápidos, y esos cambios no son cosas de don fulano o don mengano, sino que son de la Iglesia. Y el que venga seguirá en la misma línea. Hay que cambiar y actualizar, cuando llegué aquí uno de mis objetivos era que la Parroquia fuera un espacio de libertad, para que la gente trabaje a gusto, siempre que vinieran con buena voluntad y con ganas de construir comunidad. La gente tiene esa sensación, me lo dicen todos. Los que no han podido trabajar aquí es porque no han venido con buena voluntad.

¿Qué mensaje deja a los valdepeñeros?

Me voy con un sentimiento de gratitud fuerte. Hay mucha gente que me está demostrando su cariño estos días. Que sepan acoger al sacerdote que llega, que él viene con ganas de trabajar en el nombre del Señor, viene a construir comunidad. Cada uno somos distintos y nadie tiene que ser igual a nadie, y eso es importante para que el que venga pueda hacer su misión con paz y alegría.