SOCIEDAD

Manuel Fresneda (Medalla de Artesanía CLM): ‘Si los artesanos no reciben ayudas están abocados a desaparecer’

Manuel Fresneda en la Botería que hoy regenta su hijo Antonio
Manuel Fresneda en la Botería que hoy regenta su hijo Antonio

El pasado 11 de octubre publicábamos como el artesano botero de Valdepeñas, Manuel Fresneda Villar, recibía la Medalla de Artesanía de Castilla-La Mancha en FARCAMA, todo un reconocimiento a 60 años dejándose la piel en una profesión, la de botero y corambrero, que hoy continúa su hijo Antonio Fresneda en el mismo taller donde Manuel, que hoy tiene 83 años y está jubilado, emprendió el camino que le ha llevado a conseguir esta distinción. Con Manuel hemos hablado sobre el mundo del artesano y, por supuesto, sobre esta Medalla.

A las seis de la tarde habíamos quedado con Manuel en la botería, situada en la Travesía Gregorio Prieto, 1 de Valdepeñas. Un espacio amplio donde numerosas botas de vino cuelgan del techo “para secarse” y otras están en la mesa de trabajo para ser terminadas por Antonio. También observamos que tiene algún pellejo de adorno, la vasija donde antiguamente se transportaba el vino de Valdepeñas para su venta fuera de la ciudad. Todo un espacio lleno de historia y de tradición.

¿Qué sintió al recibir esta Medalla?. Pues me da alegría que se hayan acordado de mí después de tantos años trabajando y espero que las administraciones sigan apoyando el trabajo del artesano, que se preocupen por este trabajo.

¿Qué supone para usted FARCAMA?

Pues mucho, porque la empecé yo. Mira en los años 80 cree una asociación de artesanos aquí en Valdepeñas, donde estábamos un grupo importante, después hice las asociaciones de toda la provincia de Ciudad Real y, a partir de ahí, surgió la Federación Regional,  después hicimos FARCAMA, donde llegué a ser Presidente.  Al principio iban 8 o 10 artesanos a Toledo a la feria, pusimos carpas y aquello fue creciendo hasta participar 280 artesanos, incluso venían del extranjero y hasta había gente en lista de espera para participar.  Hoy solo participan 180, más o menos, de toda la región. Ha bajado mucho.

¿Qué le parece que su hijo continúe con la botería?

Pues bien, pero hoy lo que se hace a mano no tiene el mismo valor, si se cobrara lo que supone las horas que se echan en este trabajo no se vendía nada. Los artesanos van para abajo.  En Valdepeñas, botería solo queda esta, pero es que el resto de artesanos ha desaparecido: cuberos, guardicioneros... Vamos muy de prisa con la tecnología y esto hace que desaparezcamos los artesanos.  Las botas de vino que mi hijo hace se están vendiendo más fuera que aquí, a pesar de ser un producto que no deja huella ecológica, no es como el plástico, y eso la gente debería darse cuenta, puesto que tanto nos preocupamos por cuidar el medio ambiente. Por ejemplo, en las Fiestas del Vino, se utiliza más el plástico que la bota, cuando esta sí que es ecológica y no contamina. Los jóvenes deberían concienciarse de ello y volver a utilizar la bota tradicional.

¿Háblenos de sus comienzos, los artículos que trabajaba y como está el sector?

Pues comencé en el año 49 con mi maestro,  Cristóbal Muñoz,  y recuerdo como el vino de Valdepeñas se transportaba para su venta fuera de la ciudad en pellejos que hacíamos y que cuando yo monté la botería seguí haciendo. Trabajábamos muchas horas, más de 14 diarias y de lunes a domingo, llegué a tener hasta 8 personas trabajando conmigo, haciendo pellejos y botas, los primeros cargados de vino llegaban a salir hasta 300 y 400 diarios. Cuando comenzaron las botellas y el plástico todo esto desapareció y me da mucha pena que los artesanos también vayan desapareciendo. La gente antes buscaba la artesanía: cuero, cerámica, cristal, madera, hoy no sabemos que buscan cuando van a una feria. Mira, mientras los artesanos no tengan ayudas de las administraciones están abocados a desaparecer, las ferias son caras y si no existen ayudas estas personas no pueden ir para mostrar y vender sus productos.

Hablando con Manuel la nostalgia aparece en sus palabras y recuerda, por ejemplo, como antes “los agricultores llevaban su bota al campo y su barril de madera con agua”, hoy eso ha desaparecido “nos hemos globalizado y las señas de identidad de la tierra van desapareciendo”. Reconoce que los hábitos de vida han cambiado y que hemos evolucionado muy rápido, algo que es bueno, pero tampoco hay que “dejar que se pierdan las tradiciones”.

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