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Habemus Gobierno

Julio García-Casarrubios Sainz |

Actualidad Valdepeñas | 13 de enero de 2020

Por fin llegó. Se acabó una larguísima etapa de bloqueo, que ha tenido paralizada a España, a pesar de los grandes retos que tiene pendientes. Ha constituido una crisis de la que todos tienen culpa; unos más que otros. Pero ya ha pasado; y ahora toca analizar el estado actual y el proyecto de futuro. Era imprescindible llegar a este punto, necesario, pero no suficiente. Es el final de una etapa y el principio de otra. Como final de una etapa me atrevo a considerarla exitosa. Por muchas razones, aunque solo por una, ya ha merecido la pena: El bipartidismo ha pasado a mejor vida. Un poco tarde, como siempre; pero nos hemos incorporado a algo que en Europa ya viene siendo habitual, y no es otra cosa que los gobiernos de coalición.

Desde hace muchos meses los españoles venimos pidiendo pluralidad, y necesidad de ponerse de acuerdo para gobernar. Y algunos partidos no han sabido, o no han querido entenderlo. Por tanto, el éxito y el gran avance que supone, es que por fin ha llegado. Los partidos no tienen otra salida que buscar acuerdos para formar gobierno, y para desarrollar la labor de gobernar, día a día, toda una legislatura.

Así lo tienen que entender, los que han logrado formar gobierno, y también los que han quedado para hacer oposición. Los dos, todos. Todos tienen la responsabilidad de actuar para el bien de los gobernados. Quienes han recibido el papel de gobernar tienen la obligación de ser escrupulosos en el cumplimiento de sus programas electorales y trabajar perfectamente coordinados. No pueden decepcionar a quienes hemos confiado en este cambio.

Y los que han sido elegidos para hacer oposición, además de controlar al gobierno y presentar alternativas que mejoren la actividad política, tienen que ser escrupulosos con las reglas de la democracia. Tienen que aceptar los resultados, y no dedicarse a deslegitimar todo desde el primer día. La grandeza de la democracia es que existen mecanismos para garantizar la legitimidad de todo el proceso. Es legítimo el partido que ha ganado las elecciones; es legítimo que ese partido haya conformado mayorías parlamentarias; son igual de legítimos todos los diputados que ocupan un escaño; son legítimas todas las posiciones. Y quien no respete estas reglas de juego, está deslegitimándose a sí mismo. ¿Lo entenderán, los unos y los otros?

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