Claroscuro, de García Baena

Pablo García Baena y Joaquin Brotons
Pablo García Baena y Joaquin Brotons

La Fundación Gerardo Diego y la prestigiosa Editorial: Pre-textos, han publicado, en su colección: La cruz del sur, bajo el titulo de: “Claroscuro”, los últimos poemas escritos por el reputado poeta Pablo García Baena, uno de los mejores vates del siglo XX, junto a Pepe Hierro, dos grandes de la literatura que, además, eran buenas personas y excelentes amigos, algo que escasea bastante en el gremio, en el que abunda los mediocres pedantes, que se creen: Quevedo, Góngora, Lorca, Cernuda, Aleixandre…

La edición de dicho poemario ha corrido a cargo de dos de sus buenos amigos, como son José Infante y Rafael Inglada, que han hecho un espléndido trabajo, destacando la introducción de Pepe Infante, que es un texto soberbio, como corresponde a un también excelente poeta e íntimo amigo de García Baena, que, además, lo está demostrando día a día, haciéndose cargo de todos los actos que homenajean a Pablo, que es como él firmaba sus cartas, postales, felicitaciones…, que guardo como oro en paño.

EL LIBRO

Claroscuro, es un libro inacabado, que incluye solamente doce poemas de extrema belleza, en los que algunos tienen ya ecos de despedida…, como el titulado: “Ombú”, entre otros, en los que la personalísima voz de García Baena, su exquisito, enjoyado, vitalista y barroco lenguaje está siempre presente, aunque, quizás, en mi opinión, no es el mejor volumen  de Pablo, ni está a la altura de otros suyos, como : Antiguo muchacho, Junio, Antes que el tiempo acabe… Indiscutiblemente, estamos ante uno de los colosales poetas de este país, en el que los literatos somos legión…, y donde siendo muchos los llamados y pocos los elegidos, Pablo sí pertenece a ese selecto último grupo, dado que, hasta en sus versos últimos, escritos en la ancianidad, postreros, demuestra su maestría de poeta fundamental del pasado siglo.   

Claroscuro

El tomo esta muy cuidado y bien editado e incluye una nota biográfica y una bibliografía esencial del autor. Del conjunto de los poemas incluidos me han gustado mucho: “Clamavit”, claramente dedicado a su íntimo amigo, también poeta y anticuario como él, Julio Aumente, un vate excelso y original, que detestaba el mudo literario.  

Igualmente, son dignos de destacar los poemas: “La hoguera”,  “El verano”, “La entrega” y especialmente: “Poeta local”. Sin lugar a dudas no se equivocó Gerardo Diego cuando en los años cuarenta del pasado siglo dijo de Pablo García Baena: “Estamos ante un poeta que está llamado a los más altos destinos”.

EL OLVIDO

Pablo García Baena fue un poeta de culto en Andalucía-como su íntimo amigo Vicente Núñez-, pero estuvo muchos años olvidado en el resto de España, alejado del mundillo literario y dedicado- junto a su socio José de Miguel-, a una tienda de antiguedades que tenían en Torremolinos, llamada: “El Baúl”, que fue donde yo lo conocí en 1982, antes de que le entregaran el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que cambió totalmente su vida, pero, anteriormente a ese preciado galardón hubo mucho desprecio a su obra, como al resto de los poetas del grupo “Cántico”: Julio Aumente, Juan Bernier, Mario López, Ricardo Molina…,   hasta el extremo de que, desengañados y minusvalorados estuvieron muchos años sin escribir ni publicar, concretamente, Pablo, más de quince sin coger la pluma, hasta que su íntimo amigo Pepe Infante, junto a otros colegas, le rindieron  un merecido homenaje y ahí volvió a resurgir de sus cenizas Pablo, el ínclito García Baena, a quien, tras ser recuperado por Guillermo Carnero y Luis Antonio de Villena, le fue otorgado el Príncipe de Asturias, continuando posteriormente todos los  premios, honores y distinciones merecidas que obtuvo en su longeva vida.

LOS PREMIOS

En 1984, le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y la Medalla de Oro de Córdoba e Hijo Predilecto, siendo nombrado, en 1988: Hijo Predilecto de Andalucía y Premio Andalucía de las Letras. Asimismo, en 2004, Medalla de Oro de Málaga y es nombrado director del Centro Andaluz de las Letras. También en 2008 obtuvo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, en 2012, el Premio de Poesía Federico García Lorca,  entre otros, finalizando con el doctor honoris causa por las universidades de Salamanca y Córdoba en 2017, aunque inexplicablemente no le concedieron el Cervantes, cuando la calidad de su obra poética es de Nobel.   Pocos meses antes de su muerte fue proclamado: Autor del año de Andalucía, en 2018. En fin, que tuvo una buena vejez y su obra fue reconocida como la de uno de los más altos poetas en lengua española, que no es poco en este país, “donde los poetas entierran su cuerpo sin que nadie lo sepa”, como escribí en mi primer libro: “Poemas para los muertos” (1977).

LA CRÍTICA

Guillermo Carnero escribió: “Pablo García Baena es un poeta de obligado estudio en cualquier panorama de la poesía española de posguerra; su maestría en el manejo del verso y de la palabra lo ponen a la altura de los más grandes poetas españoles del siglo XX; es uno de los más claros vehículos de transmisión a las actuales promociones de la lección de la Generación del 27”.

Y su íntimo amigo y confidente, Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica), estudioso y prologuista de varias de sus antologías, redactó: “He aquí un poeta puro. Un poeta entregado intelectualmente tan sólo a su misión. Un poeta que concibe clásicamente la poesía como rapto. Como exaltación. Un poeta mago que transmuta en metal precioso cuanto toca. P. García Baena es uno de los más grandes poetas de su generación y el mejor, sin duda, en su estilo”.

Poco  más puede añadir el autor de este artículo a las reseñas de los dos ilustres poetas y críticos citados, salvo decir, que me honró con su amistad más de 35 años y que siempre fue un fiel, sincero, cálido, fraternal y entrañable amigo, con el que compartí durante muchos años las vacaciones veraniegas en Torremolinos, “La ciudad del pecado”,  en aquellas noches interminables de bares y chicos…

Los ángeles que tanto amaba, le tengan en su cielo a este majestuoso, grandioso poeta y admirable persona, que quise como a un padre, dado que, como tal se portó siempre.