LHARDY, desde 1839

Corría el año 1839 cuando en Madrid, en la céntrica y popular calle: Carrera de San Jerónimo, 8 (Sol), abría sus puertas una pastelería que, poco tiempo después, sería el conocido,  prestigioso y elitista restaurante y tienda de venta de productos de calidad: “Lhardy”, cuyo fundador, Emilio Huguenin, sería famoso en el mundo de la restauración y el romanticismo por su establecimiento, que, tres siglos después, sigue estando casi igual que cuando se inauguró, en el que se come de maravilla y cuyos precios están a la altura del local- 70 euros, según los vinos elegidos-,  que sirve cocina española e internacional, pero a “Lhardy”, se suele ir a degustar sus platos castizos madrileños como los callos y el cocido, que los bordan, junto a los riñones al jerez, aunque dispone de un extensa y variada carta de menús europeos.

Comedores

Dicho restaurante tiene varios comedores individuales, entre los que destacan, entre otros: El salón Isabelino, el salón Blanco y  El salón Japonés, en el que han almorzado, cenado y libado todo tipos de personajes de la aristocracia, la política, el arte, la literatura…, destacando, entre otros/as, la reina Isabel II, el rey Alfonso XII, el marqués de Salamanca y el duque de Sesto, pasando por Azorín, Mariano Benlliure, el general Primo de Rivera, el periodista y escritor Julio Camba, el pintor Ignacio Zuloaga, el escultor Juan Cristóbal,  el torero Domingo Ortega, el arquitecto Chueca Goitia, los condes de Villagonzalo, el abogado, juez, cronista de Madrid, escritor y fiel colaborador del diario: “ABC”, Antonio Díaz-Cañabate- Éste último elogia en su libro: “Historia de una Taberna” (Espasa-Calpe), 1947, los vinos que elaboraba mi padre, Francisco Brotons Gonzálvez, en la bodega familiar: “Matías Brotons y Hermanos”, en Valdepeñas-, hasta llegar a las nuevas generaciones, como el reconocido escritor y crítico literario, Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica), que, en noviembre del pasado año tuvo el detalle de almorzar en dicho restaurante cargado de historia con el autor de este artículo, en el que comimos como obispos de la curia romana, entre las sombras y lo ecos de las voces de Jacinto Benavente y Ramón Gómez de la Serna, que también fueron fieles parroquianos. Curiosamente, en este comedor emblemático y con solera, se acordó, en un ágape, el nombramiento de Niceto Alcalá Zamora, como presidente de la República Española.

La última decoración 

La última decoración de “Lhardy”, que fue, en 1880, la hizo el genial decorador y diseñador, Rafael Guerrero, padre de la conocida actriz doña María Guerrero; decoración única, en la Villa y Corte,  entre la que destaca los cuadros del maestro Palmero, junto a pinturas de Sorolla y de Mariano Benlluiure, siendo el resto de las obras que cuelgan en su añejas paredes de Agustín Lhardy-hijo del fundador-, que fue un interesante pintor impresionista y propietario de esta casa histórica, literaria y artística,  en la que también sentaron sus posaderas y cataron sus excelente vinos y yantares, los músicos: Sarasate, Gayarre y Tamberlich, entre otros hombres pertenecientes a la refinada bohemia artística de aquellos tiempos. También otros personajes diferentes del mundo de la farándula, como el actor Enrique Chicote y la cupletista “La Fornarina” que, tras algunos de sus muchos éxitos, se reunía en el salón Japonés con sus amigas/os para celebrar sus triunfos.

La tienda

La tienda de Lhardy, que se encuentra en la planta baja de edificio y que ha sabido conservar la atmósfera de este recinto irrepetible, es otro de esos diamantes difíciles de encontrar hoy en día, en que se pueden degustar cualquier clase de bebida espirituosa o excelentes cervezas, junto grandes vinos de distintas denominaciones de origen, que pueden acompañar cualquiera de la tapas o raciones que hay preparadas, entre las que sobresalen: las anchoas de cantábrico,  las croquetas, el gazpacho de la casa, el ajo blanco de chufas en tartar de huevas de trucha…, sin olvidarnos de su mítico consomé, que se ofrece en un samovar de plata del siglo XVIII, que, en invierno es muy solicitado.

Igualmente, pueden comprar o degustar allí mismo, su propia bollería: Croissant, suizos, pasteles, tartas, como sus afamados fiambres: lengua escarlata, cabeza de jabalí, jamón dulce, entre otros productos elaborados por los cocineros de la citada empresa, junto a otras “delicatessen”.      

Asimismo, se pueden adquirir comidas para llevar e incluso tienen un servicio de reparto de sus exquisiteces a los domicilios solicitados, todas ellas preparadas por el personal de la casa que, hasta el pan y la pastelería que se sirve en las mesas de los comedores, lo elaboran ellos mismos en sus obradores.

Muy famosos son sus servicios de catering. Y la carta de vinos es muy selecta e incluye denominaciones de origen españolas y extranjeras, pero me ha sorprendido en extremo, que no tengan los nuevos vinos de Valdepeñas acogidos a su D.O., que nada tienen que ver con los antiguos claretes o aloques, que, en el siglo XIX y parte del XX abastecían las tabernas centenarias de La Villa y Corte, hasta el extremo de que cada día  la D.O: Valdepeñas conquista más mercados dada su excelente calidad-precio, llegando a exportar sus vinos a más de 120 países, en los que ha obtenido los más prestigiosos galardones vinícolas.

Conclusión

LHARDY, es uno de esos sitios únicos para celebrar algo importante y llevar a los buenos amigos/as a comer un día especial, en un ambiente difícil de encontrar en la actualidad, en la Villa del Oso y del Madroño y en el que se respira la historia de una España muy diferente a ésta de todo a un euro, en la que no se valora mucho, que el servicio sea profesional, atento, amable y educado; los manteles, la cubertería , la vajilla y cristalería impolutos y marcados con el nombre de la casa, algo más propio de un tiempo lejano, perdido entre las sombras de azogue de sus espejos, en los que se han eternizado los rostros de sus comensales durante tres siglos, en los que “Lhardy” fue citado, en sus obras, por autores de la talla de Pérez Galdós, Mariano de Cavia y Bretón de los Herreros, entres otros. Lhardy, desde 1839.

https://joaquinbrotonsblog.wordpress.com/

(En la foto Joaquín Brotons y Luis Antonio de Villena, en Lhardy. 2018)

1. Yo y Villena, en Lhardy.