Quiero despedir el año con el deseo de que algo cambie para bien, en beneficio de la sociedad. Son muchas las cosas que tienen que cambiar, porque muchos son los errores y los abandonos que se han ido produciendo a lo largo de nuestra historia reciente. ¿Estamos peor que en el año 1978? No. Decididamente no, sin duda alguna. Se han producido enormes cambios; cambios en economía, en bienestar social y en relaciones internacionales.

Pero en paralelo a estos cambios positivos, no podemos dejar de analizar y hacer frente a otros menos positivos, que no debían de haberse producido. Errores y abandonos. El socialismo nunca debió de inclinarse hacia el liberalismo como sucedió a finales de los mandatos de Felipe González y al final de Rodríguez Zapatero. Dos presidentes que introdujeron los progresos que más han hecho avanzar a nuestra sociedad. Pero al final por pragmatismo e impulsados, o quizá obligados, se fueron apartando de las esencias de la socialdemocracia, en ideología y en actitud.

La derecha española, impulsada por su idealismo liberal, que respeto aunque no comparta, ha hecho, desde mi punto de vista, mucho daño a las estructuras sociales. Una cosa es ser liberal y otra muy distinta es que bajo el paraguas del liberalismo se hayan deslizado políticas que han favorecido la corrupción, y han traído desigualdad. Un Partido que se define conservador, liberal y democristiano, ha hecho de todo menos eso. Pueden echarnos todas las mentiras que quieran, y pueden hacer todos los intentos por esconderlo, pero han salido del Gobierno por corrupción.

Ahora tenemos ocasión de corregir estos errores, -los unos y los otros-, pero para ello, se impone mucho diálogo, mucho consenso y mucha responsabilidad. Del Gobierno y de la oposición. Si la izquierda es capaz de deshacerse de su desunión sistémica, es capaz de hacer un relato fiable y ajustado a la realidad, siempre fiel a su ideario socialdemócrata; y la derecha es capaz de aceptar su realidad, ajustada a su ideario, y colaborar en los temas de interés general, en lugar de mentir e insultar, el diálogo y el consenso serán posibles. El año que empieza podrá ser el inicio de una recuperación política, ética y social. El reto que se presenta en este año que empieza es apasionante.

Julio García-Casarrubios Sainz

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