Lo que ha sucedido en Andalucía es la imagen nítida de lo que le ha venido pasando a la política en España. Es la repetición, una vez más, de lo que ocurría con el bipartidismo y que sigue igual con cinco partidos. El bipartidismo y sus vicios siguen vivos. Son PP y PSOE divididos en facciones. En el Partido Popular, en Ciudadanos y en Vox están los mismos que antes estaban en el PP. El PP se ha dividido en tres. En la Izquierda antes estaban el PSOE e IU, y ahora, son PSOE y Podemos, más los desilusionados que se quedan en casa. ¡Hay que devolverles la ilusión!

El PP y sus confluencias han tomado posesión de la Junta de Andalucía, y ya estamos oyendo a la derecha con las mismas cantinelas de siempre: “Ha llegado el Gobierno del cambio para enmendar la plana, para regenerar y limpiar cajones y alfombras, para acabar con la ruina que han dejado de herencia los socialistas”. Nos sabemos de memoria, lo que están diciendo, lo que van a decir y lo que van a hacer: “Ha llegado el centro reformista que sabe administrar la economía y se preocupa de los problemas de los ciudadanos.”  “Sí, sí, lo primero los ciudadanos”.

No. Mire Vd. Hasta ahora ha podido colar. Pero ya no cuela. Ha llegado el centro con un partido de ultraderecha apoyándolos. Ha llegado al poder el PP en coalición con un partido que cambia de color más que los camaleones. Ha llegado con el propósito de regenerar Andalucía, un partido al que se le amontonan los juicios por todo tipo de corrupción. Y, ¿qué van a hacer? También lo sabemos: van a crear empleo y riqueza como ellos saben: aumentando la precariedad y la desigualdad.

Sí. Es verdad. Pero han llegado con toda legitimidad, aún a sabiendas de quienes son. Alguien se ha encargado de ofrecerles este regalo. Y, ¿por qué se produce esto? Por lo mismo de siempre: Porque los partidos de izquierda no han hecho sus deberes; no han dado la ejemplaridad que se esperaba de ellos; no han sido fieles a la socialdemocracia; han ocupado esfuerzo y tiempo en otras haciendas; han perdido 700.000 votantes que se han quedado en su casa decepcionados. Y si hay alguien que quiere, de verdad, que esto no siga ocurriendo, tiene que cambiar el rumbo. Los partidos progresistas están obligados a recuperar la ilusión que otrora despertaba el PSOE.