La semana pasada hablamos de una creciente desigualdad. La izquierda debería ponerse manos a la obra, aparcar otros intereses tácticos, y mediante un gobierno progresista iniciar el camino de acabar con esta insoportable desigualdad. Pero no menos grave es el tema de la corrupción. Grave es que ciertos políticos, -muchos más de los deseables-, hayan utilizado el dinero de todos para intereses partidistas, unas veces, o para llenarse los bolsillos otras. ¡Gravísimo!. Ha sido una de las principales causas de la desafección. Pero ojo: sería más grave aún, que la sociedad empiece a convivir con ella…, que lo sienta como algo inherente a la propia política.

El escritor George Orwell, desarrolla la teoría de que, “cuando la guerra se hace continua, deja de existir”. Podríamos extrapolarlo a la corrupción: “Cuando se hace endémica aparece como algo normal”. No. Por favor. Hay que acabar de una vez con la corrupción. Y como algunos dicen, cargados de cinismo: “caiga quien caiga”. Ciudadanos nos dijo que venía a eso; pero ha demostrado que de eso, nada de nada. Ciudadanos se ha unido a la estrategia del PP, de que eso no va con ellos.

Acabamos de ser testigos de un espectáculo cómico, si no fuera por el daño que están haciendo. Otra vez Ciudadanos y Vox de la mano, exigiendo a la presidenta Díaz Ayuso que se retrate en una Comisión de Investigación en la Asamblea de Madrid. ¿Ahora? ¿Es que no conocían esas sospechas cuando la alzaron a la presidencia? Aguado y Ayuso se abrazaron para aprovecharse el uno del otro; y cuando ya están en el sillón, a tirarse los trastos a la cabeza. Indecente. Ahora que tienen el poder, ahora que tienen libre la pista del neoliberalismo, a luchar por hacerse con el liderazgo de la derecha. No quieren acabar con la corrupción.

Vuelta a lo mismo: Un gobierno progresista debería liderar la lucha anticorrupción. Los liberales conservadores ya han demostrado que ni pueden, ni quieren. Y no hay otro camino que el de destapar hasta la última marrullería, por insignificante que parezca. Hay que introducir las reformas judiciales necesarias para evitar que los procesos se atasquen; hay que poner en marcha una organización fiscal y policial rápida y eficaz, con todos los medios a su alcance. Es rentable porque eso cuesta mucho menos dinero que el que se volatiliza con la corrupción.