Esa es la pregunta de hoy. ¿Se busca exigir responsabilidades; o solo se busca la destrucción?. Es 22 de abril del año del coronavirus. Dejo la lectura, al acordarme que hay pleno en las Cortes. Cuando enciendo sube a la tribuna del Congreso su señoría, el líder de la oposición. Preferiría no haber encendido la televisión. Ha sido un error. Dudo si estoy despierto, o soñando una película de ficción. Ojala y hubiese sido un sueño. Pero no, estaba despierto, era la realidad que se presenta en España periódicamente, siempre que gobierna la izquierda. Se me había olvidado.

El Sr. Casado, sin salirse de su guión contra Pedro Sánchez, lo culpa, por sus errores, de provocar más muertes que en los atentados del 11-M, y más que en el desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. “Está facilitando los pactos”. No quiero poner calificativos porque seguro que me quedaría corto, y además entraría en el mismo campo de batalla, en el mismo territorio. Y no quiero.

Ahí no acaba el dislate. En ese mismo día, el Sr. Casado, registra en el Congreso la petición de que la Comisión sea de Investigación para estudiar las responsabilidades del Gobierno en la gestión contra el coronavirus; y más aún: que esa Comisión la presida el Partido Popular. Ahora lo entiendo; me faltaba esta pieza. Ahora entiendo las reticencias del Sr. Casado para trabajar en un gran “Pacto de Reconstrucción”.

La reconstrucción le importa un pimiento; peor: no le interesa. No quiere. La reconstrucción pasaría necesariamente por el reforzar la Sanidad Pública, -buf, largo, largo-; un cambio de modelo económico basado en el Bienestar Social –no; eso es comunismo-; una estructura fiscal nueva, sin dejarse atrás a nadie, ni a empresas ni a trabajadores, -no quieren-, un avance y un programa sobre investigación y cambio climático, -no les interesa-, una proyección hacia fortalecer la Unión Europea, -no les importa-. Mejor ni entrar a discutirlo. Solo interesa derribar al Gobierno. Si llegara a buen fin ese “Pacto por la reconstrucción”, podría beneficiar y afianzar el gobierno de Pedro Sánchez. Y eso no se puede permitir, de ninguna de las maneras. No se busca la crítica, ni siquiera pedir responsabilidades. Eso es legítimo. Se busca desacreditar al adversario para llegar al poder, para no perder la posición de privilegios.