No sé si llamarle dos actitudes o dos modelos. En el seno de una familia sucede algo inesperado: se quedan en paro, padre o madre, o ambos; o cualquier otra desgracia sobrevenida que no se esperaban: accidente, incendio, tormenta o enfermedad. La realidad es que se han quedado de pronto, sin comerlo ni beberlo, sin los medios para seguir haciendo frente a sus necesidades familiares.

Ante esta nueva situación se les presenta un dilema, se les presenta la necesidad de tomar uno de dos caminos muy diferentes. O recortar gastos, o aumentar ingresos, no queda otra. Los padres tienen que resolver el dilema en función de sus criterios, de sus prioridades, y de sus posibilidades. Si optan por reducir gastos, tendrán que valorar que gastos pueden suprimir; si con suprimir vacaciones o cualquier otra circunstancia de la que se pueda prescindir, el problema estará resuelto; pero si se trata de disminuir en comida, por ejemplo, o en medicinas, o quitar a sus hijos de los estudios, ya la cosa se complica; porque afecta a la salud y al futuro de sus hijos.

Esta opción, tiene la ventaja de que no altera el déficit en el balance de ingresos y gastos, ni aumenta la deuda; pero afecta seriamente a la calidad de vida. Si por el contrario optan por no tocar la calidad de vida, y aumentar los ingresos, tendrán que recurrir a la deuda. Deuda a la que habrá de hacer frente en el futuro cuando las circunstancias se normalicen. Es otra opción. Distinta. Hay que elegir. Eso es lo que deben valorar, padre, madre e hijos, todos juntos. Si, sí, todos juntos, porque les afecta y les afectará a todos. Y si no lo resuelven juntos, mal camino les espera. Es responsabilidad de todos; y el que se desmarque pecará de irresponsable.

No sé si vale la metáfora. Pero lo que está claro es    que en una sociedad avanzada, que se rige por principios democráticos, todos deben tomar su parte alícuota de responsabilidad. Los partidos políticos, ante una situación de emergencia, deben estudiar y adoptar la fórmula que mejor venga al bien común, todos juntos, dejando al margen ideologías, estrategias e intereses. Fórmula que no perjudique a ninguno de los miembros de la colectividad. El que se desmarque de esta puesta en común será un irresponsable. Se la juega a pagar un precio muy alto, -político y moral-, si comete tal irresponsabilidad. ¿Qué más hace falta que pase para recapacitar?