Es muy frecuente oír en nuestro entorno: “Son malos, malísimos, la ruina de España” y mucho más, si se trata de criticar o acusar a Zapatero o a Sánchez; por el contrario oímos: “¡Va!, si todos son iguales” si se trata de criticar o acusar por algo que han hecho Ayuso o Casado. No. Es falso. La equidistancia no existe. Lo vimos en la “Sesión de Control al Gobierno” del miércoles pasado. Si nos tomamos la molestia de analizar todas las intervenciones de los distintos portavoces, no encontraremos con formas de entender la política, muy diferentes. Diferentes en el fondo y en la forma. Ideas con las que podremos estar de acuerdo o no. Lo rechazable es la forma que exhibieron algunos. Intolerable, aunque obtengan beneficio electoral

Absolutamente rechazable, porque ni aporta nada al debate, ni arregla los muchos problemas a los que se enfrenta España, ni favorece el clima de convivencia en la política y en la calle. Solo aporta crispación y odio entre unos y otros. Es imprescindible hacer uso de la buena educación, y de la cortesía parlamentaria.

Da toda la impresión de que algunos no tienen propuestas que mejoren la acción del Gobierno, y tienen que recurrir al desgaste del adversario. El partido de Casado lo tiene francamente difícil porque se le han acumulado problemas endémicos desde los años noventa: No aceptan que gobiernen otros; son ellos los únicos que aman a España; los demás son rojos comunistas. Tienen miedo de que se les acabe el chollo de trasvasar lo público a lo privado, para obtener beneficios muy lucrativos. En tercer lugar, deben tener datos, -yo no los tengo- de que si moderan su discurso una buena parte de sus militantes se les pueden ir a Vox.

Y por último: amarrados a esos parámetros, han ido creando un cuadro de mandos que están lejos de representar a un partido de centro derecha liberal, conservador y democristiano. Hasta aquellos partidos, de los que no tengo ninguna coincidencia, fueron elegantes en sus formas; supieron respetar la cortesía parlamentaria. La derecha no se entera de que el parlamento de hoy es tan plural como la sociedad misma, y por ello se hace imprescindible contraponer ideas, respetar al diferente, y ser sensible a las necesidades de los más vulnerables; de ese 30 % de personas que están sumidos en la pobreza. ¡No son todos iguales!; la equidistancia no existe.