Porque el sistema que hemos tenido desde la Transición, se ha basado en el bipartidismo y en las mayorías absolutas, la ciudadanía ha dicho: “basta ya”. ¿El bipartidismo y las mayorías absolutas son malas? No. Sencillamente no se han sabido administrar. Es una democracia que dura hasta que el voto se deposita en la urna; y una vez hecho el recuento, “si te he visto no me acuerdo”. El “ganador” se sube a su propio pedestal y proclama a los cuatro vientos aquello de “ahora toca hacer lo que mande mi pensamiento único”, por no decir “lo que me salga de los bemoles”.

Porque el sistema que hemos tenido desde la Transición, se ha basado en el bipartidismo y en las mayorías absolutas, la ciudadanía ha dicho: “basta ya”. ¿El bipartidismo y las mayorías absolutas son malas? No. Sencillamente no se han sabido administrar. Es una democracia que dura hasta que el voto se deposita en la urna; y una vez hecho el recuento, “si te he visto no me acuerdo”. El “ganador” se sube a su propio pedestal y proclama a los cuatro vientos aquello de “ahora toca hacer lo que mande mi pensamiento único”, por no decir “lo que me salga de los bemoles”.

Los demás son “la oposición”, como si la oposición no representara a nadie. Pues no. Los que no tienen pedestal también representan a ciudadanos; a ciudadanos que tienen sus problemas, y sus diferentes enfoques. Esa exclusión es la que nos ha llevado hasta aquí. Es cierto que tenemos muchos y muy graves problemas: la pobreza, la desigualdad, la corrupción… Sí. Es cierto, pero se nos olvida otro problema que dificulta mucho la solución de todos ellos: “la exclusión de los demás”, la soledad, el desprecio a todo, el aislamiento, la negación al diálogo.

Ahora estamos visualizando el sentido de exclusión que tienen algunos. “Si tu hablas con los fulanos esos, con nosotros no cuentes para nada”. Si en la Transición se hubieran comportado así ni habría habido Transición. Los excluyentes, que siempre los hubo, pusieron el grito en el cielo porque se iba a dialogar con los comunistas. Pues se dialogó, se consensuó, todos cedieron y Transición se hizo con éxito. No se hundió el mundo. Fue obra de todos, sin exclusiones.

Estamos donde estamos; estamos en la táctica del repudio, entre otras cosas de tipo educacional, porque acabamos de atravesar una legislatura sin que el Gobierno haya escuchado a nadie. Se ha gobernado a golpe de decretazo, omitiendo a todos. Es la lacra de la exclusión; es la antesala del caciquismo. Y ahora, sumidos todos en la inercia de la exclusión nos encontramos con que el partido más votado es incapaz de encontrar ni un solo voto para configurar un Gobierno de coalición. Y por si fuera poco la desigualdad y la corrupción, que no es moco de pavo, arrastran tras de sí una exclusión que los ha dejado absolutamente aislados; ¡y siguen reivindicándola!.

Julio García-Casarrubios Sainz

http://juliocasarrubios.blogspot.com