El debate del pasado miércoles presentó dos vertientes muy diferentes. Dado que los primeros en replicar al Presidente fueron Casado y Abascal, se puso en escena lo peor de la política. Una oposición absolutamente destructiva que imposibilita cualquier tipo de debate. Respecto a Vox, poco que decir; todos sabemos quienes son; es la vuelta a tiempos que habíamos olvidado; que se han independizado de su matriz, que hasta hace un cuarto de hora estaban escondidos dentro del PP.

Más difícil de entender es la posición que ha decidido tomar la dirección del Partido Popular. Siempre viajando al centro; y nunca llegan. O el tren está parado porque se le acaba la gasolina, o es que aún no se han subido a ese tren. Porque el actual discurso de Casado no se distingue sustancialmente en nada al discurso de Abascal. ¿Por qué? ¿Porque son así, tal cual? ¿O porque temen la huida de votos hacia Vox? ¿O porque siempre que están en la oposición lo hacen así? Lo cierto es que Pablo Casado ha sobrepasado todos los límites de la mala educación, de la cortesía parlamentaria, y de las reglas lógicas del debate.

Pero todo no fue negativo. Las intervenciones del pasado miércoles reflejan algo que hacía falta en España. El bipartidismo se ha ido para no volver. El Congreso de los Diputados es la sede donde estamos representados todos los ciudadanos; legítimamente representados. Allí está pues la pluralidad que existe en una sociedad libre, y ellos, los políticos, están obligados a discutir, a entenderse, a ceder, a pactar. Si durante los años del Gobierno Rajoy hubiera habido esta situación no podrían haber impuesto la reforma laboral, ni las privatizaciones, ni la ley mordaza, ni los recortes, ni la corrupción hubiera circulado a sus anchas.

El Congreso de los Diputados se ha convertido en lo que debe ser; en lo que es habitual en democracias consolidadas. Se confrontan ideas y estrategias. Se percibe con claridad a un Presidente que, con sus aciertos y sus errores, gobierna para todos los españoles. Y una oposición que lo apoya en aquello que es bueno, o lo critican en aquello que consideran erróneo según sus diferentes puntos de vista. Todos, unos y otros llevando propuestas que se debaten, se votan y se aprueban. Se hacen visibles hasta los que actúan de forma intolerable. Eso es un Parlamento. Eso es hacer política.