Tenía escrito el artículo de esta semana. Lo había enfocado en analizar los resultados, y el panorama que se nos presenta. Sobre todo había volcado todas las tintas en el reparto de responsabilidades, al repetirse la misma situación, o peor, que la obtenida hace siete meses. Pero después de consultar con la almohada, después de permanecer unas horas en el rincón de pensar, después de darme cuenta de que las quejas y las críticas han sido el error de muchos, he llegado a la conclusión, -no sé si acertada-, de cambiar mi hoja de ruta, y hacerme la siguiente reflexión:

Yo soy forofo del Atlético de Madrid, -que por cierto ha ganado esta semana-, y lo defiendo a capa y espada; “es el mejor”; todos los demás son malísimos, no se merecen ganar; y si ganan es por ese penalti injusto. Pero amigo; llegan los mundiales, y eso ya son palabras mayores: nos  olvidamos de si ese jugador es del Real Madrid, del Barcelona o del Getafe. Todos como una piña, con la bandera de todos a defender nuestra selección; todos a disposición de lo que disponga la federación y el entrenador.

En este caso la Federación, que es un organismo llamado Ciudadanía, ha designado a un seleccionador. Con mucha claridad, con rotundidad. Le saca 32 escaños al siguiente aspirante. Ya tenemos seleccionador. Ahora tocan dos iniciativas sin las que el sistema no funciona. El seleccionador que se llama Pedro Sánchez, tiene que llamar a todos, ponerse al habla con todos, diseñar un proyecto común, y elegir a los mejores para ganar, que nos permita decir a todos “hemos ganado”.

El seleccionador que hemos elegido tiene en sus manos la solución de problemas que nos afectan a todos. España tiene retos de tremenda gravedad: una crisis territorial que han provocado unos irresponsables, una corrupción galopante, la desigualdad más grande de Europa, una pobreza y una precariedad insoportables, la necesidad de urgentes reformas. Ahora toca que todos, -salvo los que no respeten las reglas del juego, salvo los irresponsables-, que formen un equipo con los mejores, sean del equipo que sean, del Madrid o del Barça; que se pongan a trabajar intensamente, bajo la batuta del seleccionador, y cumpliendo el programa diseñado por todos. Es la única forma de que mañana podamos decir: ¡hemos ganado!