Desde hace algunos años se ha hecho demasiado frecuente confundir la Justicia con la Política. Se ha producido y se sigue produciendo esta confusión con los temas de corrupción. ¿Por ignorancia o porque alguien está interesado en engañarnos?. Yo creo más en lo segundo. Pero dejando aparte el tema, no menor, de la corrupción, hoy me voy a limitar a hablar de esta confusión refiriéndome a Cataluña.

Desde hace algunos años se ha hecho demasiado frecuente confundir la Justicia con la Política. Se ha producido y se sigue produciendo esta confusión con los temas de corrupción. ¿Por ignorancia o porque alguien está interesado en engañarnos?. Yo creo más en lo segundo. Pero dejando aparte el tema, no menor, de la corrupción, hoy me voy a limitar a hablar de esta confusión refiriéndome a Cataluña.

Que quede muy claro que desde el punto de vista de la Justicia, considero que en un estado de derecho, lo que está ocurriendo en Cataluña, lo que ha ocurrido en el Parlament, es inadmisible, es intolerable; es una auténtica vergüenza. Y que el Gobierno Central ha hecho muy bien en recurrir la decisión; y que el Tribunal Constitucional ha hecho muy bien en fallar en contra de tal decisión. Desde mi opinión considero que no había otra salida. Ha ganado la Justicia, ha ganado el estado de derecho, ha ganado la democracia, como no podía ser de otra manera. Hasta ahí lo referido a la Justicia.

Pero, también hay que decir que el problema catalán, en sus orígenes es un problema político. Y considero, alejado de cualquier patrioterismo, que esa batalla la están ganando los soberanistas catalanes, y la está perdiendo el españolismo, muy patriótico, pero muy poco eficiente.

Desde mi posición de ciudadano español, veo con preocupación, con enorme preocupación, que si la batalla judicial se ha ganado, la política se está perdiendo. Muchos líderes, de ambos lados, han utilizado de forma indecente, el problema del separatismo para sus intereses partidistas y particulares. Y, ¿qué hemos conseguido? Estamos consiguiendo, para beneficio de unos pocos, y perjuicio de otros muchos, que cada vez haya más independentistas. ¿Por qué? Porque hemos querido, intencionadamente, olvidar que es un problema político, que existe, que está ahí, y que debe resolverse por procedimientos políticos. Cuantas más batallas judiciales ganemos, más enconado estará el problema. Señores políticos: hay que sentarse en una mesa, saber analizar, saber dialogar, saber pactar, y buscar el mejor encaje de de Cataluña, y de cualquier otra autonomía, dentro de la unidad de España. No por patriotismo, sino por simples razones de conveniencia, de interés general.

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