Desde que en el siglo XIX, Marx y Engels, promovieran los movimientos marxistas, comunistas, socialistas y sindicalistas, las distintas ideologías han surgido, se han movido, como “reacción a”. Las tendencias económicas, sociales y políticas se han desenvuelto en el territorio del enfrentamiento, de la compensación, de la lucha entre lo que siempre hemos llamado izquierdas y derechas. El marxismo surge para acabar con la explotación del capitalismo. El capitalismo, asustado por el marxismo, se refunda poniéndose al servicio del bienestar social.

Y así fue sucediéndose a lo largo del siglo XIX, de todo el XX, y parece que estamos condenados a que siga en el recién estrenado siglo XXI. Fracasado el comunismo marxista por sus propios abusos, trata de suavizar su mensaje mediante el eurocomunismo, y mediante la socialdemocracia. Capitalismo y socialismo se enfrentan y se refundan para ir adaptándose a esa lucha. Hasta “el mayo del 68” tuvo, y ha tenido, diversas formas, diversas interpretaciones. Y así hemos llegado a unos partidos sumidos en la indefinición.

Los partidos populares europeos “se erigen en los defensores del bienestar social”, al tiempo que se lo machacan brutalmente. La socialdemocracia, el socialismo, no se atreve lanzarse a la recuperación de sus valores de izquierda, con el miedo de perder eso que llaman centro-izquierda. Han perdido su ideología y su actitud. Pero, ¿qué ha pasado con esta maniobra de indefiniciones? Que gana la derecha. Se ha sabido adaptar mejor a la lucha de estrategias en que se ha convertido la política. Por esa razón está dominando en este mundo global. Ganan porque administran muy bien esa doble cara: se dicen de centro-derecha, pero no; son derecha pura y dura.

¿Qué tiene que hacer la socialdemocracia? ¿Qué tiene que hacer el socialismo? ¿Qué tiene que hacer el PSOE? Volver a las esencias, -tanto en actitud como en ideología-, que nunca debieron abandonar. Olviden las estrategias de trepar en la política; olviden campañas electorales; olviden todo lo que les ha llevado a la indefinición. Y pongan encima de la mesa posiciones sencillas, claras y contundentes, sobre la Monarquía, sobre Cataluña, sobre la desigualdad, sobre los impuestos, sobre la inmigración, sobre la pobreza, sobre la juventud... ¿Querrán hacerlo?