No nos engañemos. A estas alturas, quien se deja engañar, o tiene intereses en el mundo de la pasta, -por negocios, por corrupción, o por otras mandangas-, o ha caído en la trampa de las fanáticas ideologías que esconden los intereses de las élites financieras. Después de la Segunda Guerra Mundial, se unieron, la socialdemocracia y la derecha conservadora, liberal y democristiana, para establecer un sistema de cohesión y solidaridad, que acabara con las desigualdades y enfrentamientos entre pueblos y ciudadanos.

Con ello se logró la paz y una clase media y trabajadora con un nivel de bienestar como nunca se había conocido. En España se produjo con retraso; se produjo en los años ochenta. Esa clase media y trabajadora tiraba de la economía al tiempo que se beneficiaba de su crecimiento, en términos de bienestar. Pero eso no le gustaba a las élites financieras. Había que organizar derechas más ideologizadas, puestas al servicio del dinero. Así surge esta derecha actual que apuesta por las banderas, por los valores patrios, por el odio al diferente, pero que en definitiva están al servicio de esas élites. El discurso patrio y los enfrentamientos son para disimular.

Es el neoliberalismo radical, que lleva a la corrupción, -para agradecer los servicios prestados-, y a la desigualdad. Algunos pensarán: “Es el mensaje de la izquierda radical”. No. Ese es el otro malintencionado señuelo. Para falsear la realidad, se recurre a los valores patrios, y a que viene el comunismo bolchevique, bolivariano, chavista. Oímos insistentemente a políticos y tertulianos, advertirnos de que si llega al gobierno la izquierda, España se rompe y muy pronto seremos otra Venezuela.

No. Rotundamente no. El problema vino porque esa derecha se pasó tres pueblos en cuanto a corrupción y desigualdad. Y el corruptor y el corrompido temen que esa derecha se va a autodestruir. Sus votantes van a dar la espantada. Así que se busca como solución crear dos partidos uno más a la derecha y otro más “al centro”, para acoger a los espantados que no pueden ya resistir tanta desvergüenza en sus conciencias, y para evitar que se vayan, se inventan Ciudadanos y Vox. Pero los tres juntos son la misma cosa. Ha funcionado en Andalucía. Esperemos que ahora, escarmentados, no vuelvan a caer en la trampa. España necesita volver a la solidaridad y la cohesión que fortaleció las clases medias y trabajadoras.