Ahora Pablo Casado le dice a los suyos, como argumentario de campaña, que “cuando se tiene razón no hace falta sobreactuar” y que “el PSOE se merece todo su respeto”; y que “hay que evitar los insultos”. Esto es de una moderación ejemplar e impensable hasta hace un cuarto de hora. ¡Qué bueno sería que todo discurriera por esos territorios! El debate político no se haría lo insoportable como se hace, y los líderes llegarían a conclusiones favorables para los ciudadanos; podrían pactar. ¿Cumplirá Casado esa línea? No me lo creo. Pero vamos por partes.

El político debe moverse por actitudes de convencimiento profundo, no porque se cambie de traje, y se ponga el de moderado porque viene bien al clima de hoy. El moderado lo es porque lo es; no porque hoy le toca esa careta. ¿Se acuerda el Sr. Casado cuando llamaba a Sánchez, “felón, indigno, okupa, ilegítimo, traidor..., y mucho más. Ahora mismo, muchos líderes de la oposición podrían pactar con Pedro Sánchez. Pero ya no pueden porque los insultos y la falta de respeto han roto las relaciones humanas y personales. Ahora es imposible, ni con el traje de moderado.

Quizá, Casado, no se haya dado cuenta de que, con este giro, está reconociendo que si sobreactuaba es que no tenía razón. Si estaba sobreactuando y faltando al respeto, es que estaba falseando la verdad. Lo acaba de reconocer. El subconsciente lo ha traicionado. Pero bienvenido ese subconsciente. ¿Cuánto le durará?

El problema que tiene la derecha desde la llegada de Aznar a la política es que faltan reiteradamente a la verdad; han hecho de la mentira una necesidad. La necesidad de esconder sus vergüenzas les ha conducido a crispar mediante la mentira y el insulto. Prefieren insultar y mentir antes que limpiar un partido que ha sido expulsado del gobierno por corrupción. Es una necesidad mentir, sencillamente porque no pueden decir sus verdaderos propósitos. ¿Van a decir en campaña que cuando gobiernen van a liberalizar y privatizar todo lo público para beneficio de unos pocos? No lo pueden decir. Mienten sobre los impuestos, porque no pueden declarar lo que luego vemos que hacen con el reparto de la presión fiscal. Desde los años 90 se han sumido en una dinámica que les obliga a crispar y mentir. Sobreactúan porque saben que no tienen razón. Es una medida de autodefensa.