Según el sabio refranero español: “Hablando se entiende la gente”. Pues parece ser que desde la mente de algunos políticos este refrán es devastador. Todo el debate surgido en torno a la “Mesa de diálogo” entre el Gobierno de España y el Govern de la Generalitat, está viciado desde el principio. Cuando el debate se basa en un principio falso, o al menos manipulado, todo el debate posterior resultará falso, ineficaz, desnortado. Marchará como tren descarrilado.

Claro. Si todo el debate lo basamos en que Sánchez actúa, como actúa, para mantenerse en la Moncloa, el debate y las conclusiones ya están viciadas desde el principio. No. El debate debe partir aceptando que el Gobierno presidido por Pedro Sánchez está obligado a buscar soluciones. Está obligado a intentar solucionar un grave conflicto territorial. Tiene que analizar donde está el origen, quién lo ha provocado, e introducirse en las posibles vías. Tiene que estudiar con serenidad, y sin acritud, por qué el adversario piensa como piensa. Y a partir de ahí empezar a tender puentes que conduzcan al acercamiento, a los puntos en común, que los hay.

La estrategia de la oposición, está diseñada como quien intenta empezar la casa por el tejado. Primero se fija la conclusión: “Sánchez es el malo, Sánchez solo busca estar en la Moncloa, Sánchez se ha rendido a los independentistas, Sánchez ha desmembrado la soberanía española, etc. etc.”. Y después se traza la hoja de ruta. Y así pasa, ¿cuál es la hoja de ruta? Ninguna. Porque, aparte de esas conclusiones que ya están elevadas a definitivas, no se oye ninguna crítica sobre cómo se está abordando el conflicto, ni mucho menos propuestas para que ese camino sea más eficaz. ¿Qué está aportando la oposición? Nada. Destruir por destruir.

El conflicto territorial se ha agravado durante los últimos años, por culpa de políticas intolerantes, políticas de enfrentamiento, políticas que no conducen a la unidad, sino a la uniformidad; y no hay peor enemigo de la unidad que la uniformidad. Mientras no se acepte la diversidad, mientras no se actúe con diálogo y acercamiento, mientras no se busquen los puntos de encuentro, no habrá unidad. Una unidad fuerte, consolidada, basada en la tolerancia y el respeto al diferente; no una unidad de banderas y de patrioterismos. Sí. Es imprescindible una mesa de diálogo.