Han tenido que pasar doce años para ver la diferencia. En el año 2008 estalló una crisis económica, cuya reacción nos ha conducido a precariedad y desigualdad. Ahora nos enfrentamos a otra crisis cuyas consecuencias desconocemos. Aquella estuvo provocada por malas prácticas financieras. Esta crisis económica que se avecina, va a tener su origen en una pandemia. Eso ya constituye una diferencia notable. La de 2008 se produjo por la explosión de una tremenda burbuja especulativa. La de 2020 nos va a venir como consecuencia de una gravísima epidemia.

Son diferencias dignas de reseñar. Pero ahora toca constatar las diferencias de cómo afrontarlas. Aquella se afrontó con los criterios neoliberales que dominaban la vida política, económica y social, en España y en Europa. Se afrontó por el procedimiento de recortes, austeridad y privatizaciones. Todos los organismos españoles, europeos e internacionales, hoy, reconocen que fue un error. Hoy se apuesta por la intervención del sector público, como motor que incentiva y garantiza a todos los sectores de la sociedad. A todos. No deja a ningún sector fuera del plan.

El plan presentado por el Gobierno Sánchez es creíble y atractivo, precisamente porque no deja a nadie fuera. Está destinado a empresarios y trabajadores, a pequeñas y grandes empresas, a familias. Pero sobre todo atiende con mayor fijación a los más vulnerables. Implica al sistema financiero para que cumpla con su misión social de proporcionar liquidez. Fue un tremendo error, que algún día habrá que saldar, ayudar al sector financiero, porque lo necesitaba, con dinero de la gente, dinero que no se devolvió, y después no ayudar a la gente cuando lo necesita.

Es el sector público el que está obligado a salvarnos, porque es el único que atiende a todos por igual. Otra de las virtudes que presenta el plan Sánchez es que, al contrario del Gobierno Rajoy, que impuso sus teorías de recortes y privatizaciones, sin contar con nadie, este, lo hace con la complicidad de todos los sectores políticos y sociales. Es la mejor garantía de que beneficia a todos, y pone a todos en su sitio, en derechos y obligaciones. Para afrontar una crisis, no podemos volver a las fórmulas que beneficiaron a unos pocos y perjudicaron a muchos. En eso debemos fijar la verdadera diferencia. Los resultados hablarán.