Sí. Esa es la pregunta: ¿Qué izquierda queremos? ¿Qué izquierda necesita la sociedad actual? Porque parece claro que la izquierda que hemos ido fraguando entre todos no es capaz de solventar los grandes retos. La izquierda que percibimos en el panorama político no tiene la fuerza indispensable para acabar con las desigualdades y las corrupciones que han entronizado las derechas neoliberales, confabuladas con el poder financiero, que solo miran dinero y poder.

Queremos el PSOE de los grandes avances, el que trajo la universalidad en Sanidad y Educación, el que estableció la Dependencia, el que puso en marcha los más grandes avances sociales de igualdad y libertad; el PSOE con mucho peso internacional, el que llevó a Europa los criterios de cohesión y solidaridad, el que mejoró la economía, poniéndola al servicio de los ciudadanos. No queremos una izquierda que se mire al ombligo, dejando atrás sus señas de identidad, apartándose de la ideología y la actitud que deben identificarlo con la socialdemocracia.

Queremos el Podemos que surgió del 15-M; una izquierda que priorice la lucha en favor de los trabajadores, y acabe con los abusos de una reforma laboral que solo ha traído precariedad. No queremos una izquierda con los mismos defectos históricos que le han llevado siempre a la lucha por la primacía en el territorio ideológico. Queremos una izquierda que inspire confianza y que no asuste a la gente con veladas insinuaciones más propias de hace ya un siglo.

Una buena parte de catalanes y españoles no queremos una “Esquerra” puesta al servicio de la derecha corrupta y abusiva, para buscar apoyos en su legítima aspiración de independencia. Queremos para Cataluña una izquierda que anteponga el bienestar social a sus sentimientos identitarios.

Si todos los partidos de izquierda pusieran en la línea de salida el bienestar social y el interés de las clases más necesitadas; si pensaran prioritariamente en las clases medias y trabajadoras, si buscaran la equidad fiscal, encontrarían el camino de la unidad, para hacer frente al neoliberalismo que nos invade. ¿El 21-D puede ser un punto de inflexión para recuperar la socialdemocracia? Puede ser. ¡Ojalá!.