Las manifestaciones siempre han tenido un sentido reivindicativo, o también de concienciación de toda la sociedad ante un problema grave que acecha al Estado. El origen histórico de las manifestaciones hay que situarlo en la necesidad que tiene un importante sector de la sociedad, que no tiene acceso al poder establecido, y recurre a la fuerza de la manifestación para lograr así, una petición que considera justa. Es un movimiento que surge de las bases para llegar al poder, al tiempo que sensibiliza al resto de la sociedad para que sea consciente de sus justas demandas.

Manifestaciones obreras exigiendo mejores condiciones laborales; manifestaciones de trabajadores reivindicando subidas de salarios; manifestaciones de estudiantes por un mejor sistema educativo; o de sanitarios reclamando medios para atender a sus enfermos. Y el otro tipo de manifestaciones encaminadas a concienciar o denunciar algo que atenta contra la totalidad de los ciudadanos de un estado. Las que se produjeron como rechazo a los atentados de la extrema derecha contra los abogados de Atocha, o las que se produjeron por atentados de ETA.

Pero he ahí, que aparece el Partido Popular y su nuevo tipo de manifestaciones con connotaciones un tanto peregrinas. Ahora resulta que proponer “un relator” en negociaciones encaminadas a solucionar el conflicto de Cataluña, “es arrastrarse a cuatro patas, es un delito de Alta Traición que requiere levantar el orgullo de ser español y devolver la dignidad a España”. Como en su día hubo que revelarse contra Zapatero por negociar con ETA traicionando a las víctimas del terrorismo.

Pero ahí no queda la cuestión: ahora resulta que ya no hay relator porque las negociaciones del Gobierno de España con el Govern catalán se han roto. Y digo yo: si ya no hay negociaciones, si ya no existe la sumisión ante los independentistas, ¿Por qué se mantiene la manifestación? Contestación muy sencilla: “Porque PP, Cs, y Vox entienden que no nos podemos fiar de Pedro Sánchez, porque es un Gobierno que miente”. Por favor no engañen a la gente. Hay otros fines mucho más sibilinos y profundos que no se atreven a declarar. Hay mucho que esconder. Y no se les ocurre otra cosa mejor que sembrar odio y apelar al orgullo de la España de las banderas. ¿Pero qué buscan?