Mucha ignorancia en el territorio de la Sanidad, mucha desinformación sobre la realidad, mucha manipulación de datos, muchos, demasiados intereses, y mucho inmovilismo. Para hablar de nuestra Sanidad en un momento en el que nos acorrala el coronavirus se impone la necesidad de utilizar una buena dosis de honestidad, y no aprovechar la pandemia para reafirmarnos en posiciones ideológicas. No es fácil, pero merece la pena intentarlo. Analizar errores, sí; lanzarnos culpas, no.

Si la pandemia la aprovechamos para fortalecer nuestro sistema sanitario, sería una buena cosa. Pero decir que nos ha pillado sin la preparación adecuada, o que tenemos que prepararnos para cuando venga otra epidemia, me parece que es un tanto atrevido. Hay cuestiones en la historia del ser humano que se pueden prevenir, pero otras, como la que nos ha invadido, es imposible prevenirla. Tenemos pues, la obligación de fortalecer nuestro sistema, y que esta pandemia nos aporte ideas para lograrlo. Pero decir que vamos prepararnos para sucesivas desgracias, es ingenuo.

¿Qué Sanidad tenemos? La sociedad percibe que la Sanidad nos ofrece una eficiencia razonable; la calidad de asistencia es buena; gasta menos que los países de nuestro entorno; el personal sanitario tiene buena preparación pero es insuficiente; existe desigualdad presupuestaria y organizativa en las distintas autonomías. El balance no es malo, sin embargo falta mucho en el terreno de corregir errores, revisar e inspeccionar el sistema, y sobre todo, en paliar las listas de espera. Pero no para prepararnos ante otro coronavirus futuro, sino para tener un mejor sistema.

La crisis del coronavirus, debe servirnos para sacar a la luz las deficiencias de nuestro sistema. Pero no es el momento. Primero venzamos la crisis sanitaria, todos unidos al Gobierno de España, y después vendrá, -tiene que venir sin crispación, sin reproches, sin justificaciones-, el análisis y las conclusiones. Quizá ya estemos en condiciones de afirmar que en Sanidad, como en otras muchas cuestiones de nuestra historia reciente, hemos pecado de inmovilismo. Se estableció la Sanidad Pública Universal en los años ochenta, y ahí quedó. Lo que no se actualiza se muere. Cuando se vaya este maligno visitante, tendremos que pasar de la pregunta: ¿Qué Sanidad tenemos? A la de: ¿Qué Sanidad queremos?