Alguna vez les ha pasado a Vds., -seguro que sí- que han oído o han dicho: “ Cuidado, viene fulanito, así que no se os ocurra hablar de política ni de religión”. ¿Grave o triste?… Lamentable que con determinadas personas no se pueda hablar de temas en los que se tienen concepciones diferentes. Creo que sería muy pedagógico hacer algunas reflexiones respecto al diferente. Pedagógico y constructivo para hacer frente a los problemas que nos acechan en nuestro devenir cotidiano.

Sea cual sea el posicionamiento de cada persona, el debate puede establecerse en el territorio de la creencia, de la ideología, del sentimiento, de la fe, -dirían algunos-; dejando en segundo lugar la racionalidad, lo que puede ser demostrado con datos, lo que puede observarse como algo tangible y más difícil de manipular. Dicho más brevemente: ¿nos movemos en el sentimiento o en la racionalidad?. Hombre, no seré yo quien desprecie que las personas tengan sentimientos, creencias, ideologías. Es bueno tenerlas, es bueno moverse por motivaciones de fe, de ideología, de valores basados en el sentimiento. Eso no es malo.

Pero eso es una cosa, y otra muy distinta, es moverse solo y exclusivamente por el sentimiento. Eso ya no sería malo, sería peor; es peligroso. Los fundamentalismos derivan casi siempre en tergiversaciones de la realidad y en enfrentamientos inútiles. La historia, para quien la quiera leer con racionalidad nos demuestra que los fundamentalismos han conducido a sociedades cerradas, que hunden a sus miembros en la ceguera, y los hacen muy manipulables. El fundamentalismo engaña fácilmente a sus seguidores y produce enfrentamientos irreconciliables.

Y es en religión y en política donde más se da este fenómeno. Sentimiento sí, pero siempre acompañado de racionalidad. La enorme crisis política por la que estamos atravesando es precisamente porque abundan los líderes y los medios que recurren, se aprovechan, del sentimiento ideológico para lanzar mensajes zafios y falaces. Una sociedad fuertemente ideologizada es manipulable. Lanzan mensajes sobre el nacionalismo identitario, o sobre la unidad de la nación, o sobre los enemigos que nos acechan. Pero, intencionadamente, dejan aparcados los datos razonados, las comparativas, las consecuencias. Cuando se razona, y se respeta al diferente, es más fácil hablar, entenderse y convivir.