Todo tiene relación. Los grandes problemas que sufre la sociedad actual no han surgido por generación espontánea. Tienen su explicación, tienen su origen. Esta mañana leía en un periódico de tirada nacional: “El negocio de la sanidad privada se dispara tras los recortes en el sistema público. El número de asegurados ha crecido más de un millón desde el año 2013. Los expertos alertan de una asistencia a dos velocidades”. Eso ya lo estábamos notando. Quien lo niegue está ciego, o no quiere verlo, o lo ve, pero mira para otro lado silbando a las estrellas.

Y lo peor es que no solo le afecta a la sanidad. Le afecta también a la educación, a las carreteras, a la vivienda. En los últimos años hemos sido testigos de una drástica invasión de lo privado contra lo público. Desde el punto de vista ideológico es respetable, aunque no se comparta. Lo que no es admisible es que bajo el pretexto de una ideología liberal, -que de liberal no tiene nada-, haya un sector minoritario y privilegiado que el trasvase de lo público a lo privado les suponga pingües beneficios. Vamos, que se están forrando a costa de los servicios públicos.

También he leído esta mañana en una encuesta que a pesar de la fuerza con la que irrumpe Vox en el Congreso de los Diputados, aún no alcanzarían los tres partidos de derechas la mayoría absoluta. Pero puede llegar, y si llegan van buscando eso: el negocio del trasvase de lo público a lo privado. Y no es cuestión de diferencias ideológicas. No vienen a cambiar un modelo porque crean que es más eficiente; vienen a apropiarse de lo que no es suyo, bajo el estandarte de un falso liberalismo.

¿Quién puede cambiar el rumbo? ¿Quién puede frenar esto? Partidos progresistas que prioricen lo público sobre lo privado; partidos progresistas que pongan el punto de mira de sus políticas sobre un servicio público eficiente y de calidad, que esté al alcance de todos. “Que lo expliquen y que lo hagan”. El problema con que se encuentran sus seguidores, sus votantes, los que confían en ellos para este cambio, es que no perciben que estén por la labor. Perciben más bien que están en otras haciendas. Perciben que están más pendientes de abrirse un huequecillo en las listas electorales. Perciben las luchas entre Iglesias y Errejón, o entre susanistas y sanchistas. Así continuarán quedándose en sus casas a la espera de solución.