Difícil por no decir imposible. Una derecha moderna, de perfil europeo, propia de una sociedad avanzada en el siglo XXI, debe ser fiel a sus propios principios, y el PP no lo es. El Partido Popular se encuentra, y no lo sabe, en pleno proceso de reciclaje, y mientras no lo aborde con firmeza, inteligencia y mucha honestidad, no será el partido liberal, conservador y democristiano que debe ser.

Si la derecha se posiciona en la esencia de sus principios no tendrá dificultad en llegar a pactos en beneficio del interés general. El problema que viene arrastrando desde los años noventa es que no se guía por esos principios. No ha sido el liberalismo su pauta; detrás del estandarte del liberalismo lo que ha escondido es una estrategia de apropiarse de todo lo público para sus intereses partidistas y personales; no ha sido liberal, ha sido intervencionista; ha intervenido en todo, en las cuentas, Sanidad, Educación, Medios de Comunicación, Justicia... en todo.

No ha sido conservador de sus valores tradicionales; lo que ha intentado ha sido volver a esa derecha decimonónica de conmigo o contra mí; ser conservador no significa mantener el statu quo del privilegio y la exclusión. Y no hablemos de la fidelidad a la democracia cristiana; un partido que defiende los valores cristianos no pone en el BOE una reforma laboral que beneficia a unos pocos a costa del sacrificio de muchos; precisamente los más vulnerables. Eso no es cristianismo

¿Por qué hoy se hace prácticamente imposible un pacto de la derecha con un Gobierno socialdemócrata? Tiene que enfrentarse a una socialdemocracia, también fiel a sus principios, -que a veces no lo ha sido-, aunque hoy, tengo la impresión de que este gobierno de coalición está siendo fiel a la socialdemocracia. La democracia cristiana y la socialdemocracia son muy diferentes, pero tienen terreno suficiente para sondear aspectos comunes. Les puede diferenciar las fórmulas, pero hay objetivos comunes. Si no pactan es porque no son fieles a sus principios; ponen la falsedad y los intereses por delante de un objetivo común. La derecha necesita reciclarse, necesita dejar atrás el aznarismo, y ser fieles a sus principios programáticos. Mientras no lo haga no puede pactar. Su lastre no lo deja.