El mejor aparato para medir a un político es su reacción ante una situación de crisis, sea la crisis del tipo que sea. A todos los políticos, a los que tienen la responsabilidad directa, y a los que se encuentran en el papel de oposición. Dejemos aparte los errores, que todos pueden tenerlos, porque las crisis presentan factores previsibles, y otros que no lo son. Así que, errores aparte, quiero fijarme en aquello que revela, que deja vislumbrar la intención del político, la motivación en sus actuaciones, su nivel de preparación, y su ética, para desempeñar el papel de dirigente.

La crisis del “Prestige” se afrontó… -algunos creemos que mal-; pero eso no es la parte criticable; las consecuencias eran imprevisibles; dejémoslo en lo que pudo ser un error. El tema del Yak-42, aparte de los términos técnicos y políticos que ya se han analizado, lo grave fue intentar engañar a la gente; eso no es un error, eso es una mala intención. En la lucha contra ETA, todos cometieron aciertos y errores, más aciertos que errores; lo intolerable fue la actitud de aprovecharlo para desgastar a un gobierno que estaba intentando acabar con el terrorismo, y que acabó.

Cuando se produjo el 11-M, el mayor atentado en España, pensar que fue ETA, pudo ser un error, y atacar a un gobierno porque cometiera un error de interpretación no es justo; lo execrable fue que sabiendo que había sido obra del terrorismo yihadista, siguieran en el “error” por otros intereses que nunca comprendí. Lo que pudo ser un éxito, se transformó en una gran mentira, que algunos han venido manteniendo, durante muchos años. Digo éxito porque cuando la sociedad se ve amenazada por un enemigo externo, tiende a unirse a su gobierno como protección.

La crisis actual del “coronavirus”, es un enemigo externo, que nos ataca brutalmente. La sociedad tiende, con aciertos y con errores, a arroparse bajo la protección de su gobierno. Y si la sociedad se siente unida ante esa situación de emergencia, ve con muy malos ojos que haya quien se aparte de esa unidad para obtener un provecho espurio. Los que se sitúan en la posición de sacar provecho de una gravísima crisis, están dificultando la tarea, y están mostrando su peor cara. El termómetro señala que no hay capacidad, ni política ni moral, para desempeñar su liderazgo.