Como diría el propio Almodóvar: “El golpe de Pedro Sánchez ha colocado a algunos al borde de un ataque de nervios”. ¿Por qué? Porque ha dejado a muchos absolutamente descolocados. Es una jugada que presenta el mismo sello de aquella otra apuesta contra los que intentaron cargárselo, y que algunos aún no han olvidado la bofetada que recibieron. Entonces le salió bien. ¿Y cómo le va a salir esta? El tiempo hablará. Lo deseable es que salga bien.

No sé si calificarlo de falso o de ridículo, el espectáculo de los que ahora lanzan propuestas a Pedro Sánchez en todas direcciones. Los mismos que hasta el minuto antes de producirse el abrazo, insistían a todas horas del día, en la posición de “con Pedro Sánchez ni a la vuelta de la esquina”. O sea: cuando creían que Sánchez no podía pactar con nadie, la negación absoluta; y ahora cuando han visto que puede consolidarse una oportunidad de desbloqueo, ahora, a ofrecer alternativas. A eso se ha llamado siempre la postura de “El perro del Hortelano”. Ni hacer, ni dejar.

Que Pedro Sánchez, lo podía haber hecho de otra manera…vale. Que Pedro Sánchez nos tenía engañados a todos…puede ser. Que ha sido un cambio esperpéntico…cada uno es libre de pensar lo que quiera. Pero todo esto no pasa de ser suposiciones, anécdotas… o pataletas. Pero mirando más allá, vemos una apuesta valiente de rectificación para enfrentarse al desbloqueo de todos. Y sobre todo: abre una oportunidad para que se inicien de una vez por todas, los cambios políticos, éticos y sociales, que España necesita para superar y pasar página.

¿Merece la pena? Aunque a algunos les pese, merece la pena si con ello desaparecen de una vez todas las corruptelas introducidas en la vida política; si se inicia de forma decidida la lucha contra la desigualdad; si se acomete con seriedad, dejando atrás los patriotismos de bandera, el conflicto catalán; si el Congreso  empieza a trabajar en la reformas y actualizaciones que necesita España después de una larga etapa de inmovilismo e involución. Con todos los riesgos que implica una apuesta decidida; con todo lo que quieran vaticinar los que quieren que nada cambie; y aceptando los baches que habrá que sortear, merece la pena. ¡Abandonen los nervios!