Si. ¡Visca Catalunya! Aunque lo que quieren decir Torra y Compañía es: ¡Viva el conflicto catalán! El sector independentista, que tiene todo mi respeto, aunque no lo comparta, está siendo engañado por unos impresentables. Tienen que reconocer ante los suyos que el plan que han diseñado y gestionado ha fracasado. Hoy no es posible “la secesión”. No es posible por razones de legalidad; no es posible por el número de seguidores; no es posible por los intereses de Cataluña. No. No es posible; ellos mismos lo han hecho imposible. Están escondiendo su fracaso recurriendo al enfrentamiento. “Cuánto más conflicto mejor” Aunque empiezan a darse cuenta de que se les ha escapado de las manos. Y siguen alimentando el enfrentamiento. Tienen que condenar la violencia, reconocer su fracaso y marcharse.

Pero, ¡Viva Cataluña! también en el resto de España. Los interesados defensores del nacionalismo patriotero españolista, utilizan el conflicto catalán para echarle carnaza a los suyos. Cuanto mayor sea el enfrentamiento, más votos obtienen. Y además les viene de perilla para que no se hable Esperanza Aguirre ante los jueces.

Es muy fácil, pero poco honesto, que Pablo Casado, mientras que el Gobierno está haciendo frente a una de las mayores crisis que el Estado ha sufrido, vaya llenando auditorios de partidarios, a decirles que “exige al presidente en funciones restablecer la ley y el orden” Sabe el Sr. Casado, -y si no lo sabe peor-, que las decisiones en estos momentos son muy delicadas. En todas las democracias avanzadas existe un acuerdo no escrito por el que los partidos de la oposición, ante una crisis que afecta a la estabilidad del Estado, aparcan sus estrategias electorales y se ponen a disposición del Gobierno sin ninguna exigencia. Como hizo el PSOE en el pasado.

No. La “guerra” va por otro camino; debe ir por otros derroteros. La “guerra” del independentismo hay que librarla en el campo de la opinión pública. Se acabó con el conflicto vasco y con el terrorismo de ETA, convenciendo, a la sociedad, de que la ruta escogida era equivocada; que esa lucha era estéril; que en la convivencia estaba la solución. Es un camino largo y difícil, pero, con inteligencia, moderación y firmeza, con sentido de Estado, y con la unidad de todos, lo conseguiremos. Con discursos populistas y demagógicos, con intereses cortoplacistas, no.