La actualidad de lo Orteguiano

José Ortega y Gasset
José Ortega y Gasset

Alguien muy querido le preguntó: ¿Qué quieres que te regale por tu cumpleaños?  Me gustaría acertar, ya sabes que no me gusta malgastar el dinero. Él respondió: Me conoces lo suficiente para saber que, un vinilo con música de los 80, una botella de buen vino o un libro siempre serán un acierto.

Decídete por algo en concreto, dijo ella apremiando, a lo que contestó: Para serte sincero me gustaría que me regalases un libro titulado: “España invertebrada” de José Ortega y Gasset.

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Después de buscar en numerosas librerías, envolverlo con un caro papel de regalo y pegar el floripondio que remataba la pegatina de felicidades, la edición resultó pésima. El ejemplar elegido estaba mal imprimido y con varias páginas en blanco. Desanimada por el fiasco lo cambió por una anodina camiseta xerografiada.

Fue mucho más tarde y en una librería de viejo donde encontró otro ejemplar bien conservado y, como perseveraba en conseguirlo, no dudó ni un momento y se lo compró.

Cuando empezó a leerlo determinó subrayar las frases que desarrollan ideas interesantes. Leer filosofía no resulta nada fácil y, a veces, los razonamientos para poder comprenderlos deben releerse.

El interés por la obra de Ortega y Gasset no es gratuito. Es uno de los grandes pensadores y filósofos del siglo pasado, un intelectual y ensayista que reflexionó sobre el concepto de España como nación y, sus opiniones, influyeron particularmente en los integrantes de la generación del 27; pero también en otros intelectuales reconocidos del pasado siglo.

Sin embargo, lo que más le llamó la atención es la vigencia actual de los síntomas que aquejaban a nuestro país hace ya noventa años, síndromes que se repiten, porque la primera edición de “España invertebrada” data de 1921. Palabras y conceptos perfectamente válidos para interpretar la realidad actual de nuestro país.

Ahora que estamos siempre rebasados por un constante ambiente electoral, ya nos avisaba Ortega con comentarios como éste:  Es penoso observar que desde hace muchos años, en el periódico, en el sermón y en el mitin, se renuncia desde luego a convencer al infiel y se habla sólo al parroquiano ya convicto.

Aunque él llama “particularismos” nosotros lo podemos llamar perfectamente nacionalismos o regionalismos, en referencia a las actuales autonomías. Explica su particular teoría de la formación de España como nación. Contrariamente a lo que se pueda pensar, el problema autonómico no sólo proviene de las regiones potencialmente separatistas, también el poder central tiene su parte de culpa por no integrar adecuadamente el dinamismo y la pujanza de estas regiones diferentes. Todo ello dice mucho de lo complejo del problema y su difícil solución.

Dos reflexiones sobre el tema: Mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas cosas. Sobre la necesidad de sentirse nación: Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven para estar juntos, sino para poder hacer algo juntos.

La historia que siempre es contada por los vencedores también puede ser desmontada o cuestionada por la fuerza del razonamiento y la reflexión. En referencia a la actitud gloriosa y épica de la reconquista Ortega dice: Y a ello respondo ingenuamente que yo no entiendo cómo se pudo llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos. Si bien afirma que el principio de España como nación surge de la unión de Castilla y Aragón, periodo en el que reinaron los Reyes Católicos precursores y patrocinadores del descubrimiento de América. En referencia a la colonización del nuevo continente expresa: Nuestro <> hizo todo lo que tenía que hacer: pobló, cultivó, cantó, gimió, amó. Pero no podía dar a las naciones que engendraba lo que no tenía: disciplina superior, cultura vivaz, civilización progresiva.

Aunque Ortega en su obra no se queja del pueblo al que se refiere como masa, mantiene una constante reivindicación de la necesidad de una élite dirigente preparada. Su origen acomodado y proveniente del mundo de la política y el periodismo le incitan en su obra a demandar gobernantes, líderes e intelectuales comprometidos con el poder, pero dispuestos a esforzarse e instruirse para mejorar la colectividad.

Y es que la ausencia de grandes hombres es una constante en nuestro país. Ayer como hoy son muy pocos los próceres que pueden ser rescatados. Se refiere Ortega a esto en una frase concreta “No hay hombres” (no consiste en el tamaño de los atributos) y dice: Cuando oigáis decir:<< Hoy no hay hombres>> entended:>> Hoy no hay masas>>.

Frases y frases, razonamientos discutibles pero con el contenido suficiente para hacernos pensar, para provocar el debate, denunciando los vicios y tópicos de una sociedad española que permanecen inmutables a pesar del tiempo transcurrido. Por ejemplo en referencia a la clase política manifiesta: Pica a la verdad, en historia la unanimidad con que todas las clases españolas ostentan su repugnancia hacia los políticos. Diríase que los políticos son los españoles que no cumplen con su deber ni gozan de las cualidades para su menester imprescindible. Ese razonamiento sigue siendo igual antes y ahora, sin embargo continúa: Si esto fuera verdad, ¿cómo se explica que España, pueblo de tan perfectos electores, se obstine en no sustituir a esos perversos elegidos? Para certificar diciendo: Los políticos actuales son el fiel reflejo de los vicios étnicos de España, y aun- a juicio de las personas más reflexivas y clarividentes que conozco- son un punto menos malos que el resto de nuestra sociedad. Y dice bien, siempre ha resultado muy fácil generalizar, arrogar al funcionamiento de la clase política todos los males que nos achacan, cuando ellos son solo el reflejo de nuestro comportamiento colectivo.

Cuánta burla se hizo de las palabras del expresidente Zapatero cuando dijo que: España era un concepto discutido y discutible. España, nación o país es vertebrado o invertebrado, pero siempre complejo y en evolución. Lo lamentable es que ahora seguimos adoleciendo de esas élites dirigentes que demandaba Ortega, no sólo de políticos. Los pensadores, intelectuales y educadores están desaparecidos, sobrepasados, absorbidos por esta vorágine actual. Falta razonamiento, debate y consenso, pero sobre todo falta ilusión para entender la nación como un proyecto colectivo.

Ortega y Gasset falleció en 1955, por lo tanto no pudo observar del fenómeno televisivo de nuestro país. Sin embargo en su machacón razonamiento sobre la excelencia necesaria en los dirigentes de un país y la obsesiva oposición de la masa eligiendo a los mediocres, por no decir a los peores. Sin saberlo, criticaba el fenómeno de la telebasura, donde personajillos ruines y detestables son elevados por la audiencia a cotas impensables de fama y popularidad, dejando sin reconocimiento a la verdadera excelencia tan necesaria en los medios de comunicación.

Sorbo a sorbo se leyó “España invertebrada”, casi gasta un rotulador marcando citas curiosas, ideas interesantes o razonamientos discutibles. Pero sobre todo le quedó grabado un pensamiento: Cómo puede ser que, a pesar de los más de noventa años transcurridos desde su compilación, podía este análisis ser tan actual sobre los problemas que afectan a nuestro país o nación.

País o nación, cuestión de moda dialéctica, no busquen más allá. Echen un vistazo y lean por curiosidad alguna obra de José Ortega y Gasset. Aunque al final este libro no fue fruto de un regalo de cumpleaños su lectura le aclaró algunos conceptos. Ortega en 1921 dijo cosas como esta: Hoy un individuo que no pertenezca a ningún Estado no tiene derechos. Su visión anticipadora es asombrosa, este párrafo podría referirse ahora a migración y refugiados, fronteras e ilegales, crisis humanitarias....todo, todo tan actual.