Héroes
Héroes

Parece que en estos días de obligado confinamiento de la población solo existen dos posibilidades, la hiperactividad o el aburrimiento, no hay término medio. Algo parecido le sucede al sector productivo pues mientras unos desarrollan sus funciones a tope, otros han dejado de ser prioritarios y se mantienen a la espera de que la actividad  social, profesional e industrial vuelvan a retomar la actividad.

En esta sociedad moderna todos somos necesarios, sin embargo, en estos momentos, cuando el avance de la epidemia vírica se ceba con gran parte de la población mundial, y en particular en nuestro país, algunos grupos son imprescindibles y están sometidos a un mayor estrés. En la cúspide de la escala está el sector sanitario, después les siguen en orden de importancia otras ocupaciones que ahora son reconocidas como indispensables para que el sistema no reviente. En estas semanas de reclusión todos reconocemos el esfuerzo, el arrojo y la generosidad de los profesionales de la sanidad, son los héroes del momento.

Pero junto a ellos hay otros profesionales imprescindibles que no les van a la zaga y me refiero a los trabajadores de las residencias de la tercera edad. Como sabemos, la pandemia está atacando con mayor virulencia a este sector de la población. Los profesionales de la geriatría han pasado de ser de simples "limpiaculos" a generosos héroes que arriesgan su vida cuidando a nuestros mayores.

Mis cinco últimos años laborables se desarrollaron en ese sector, teniendo la gran suerte de reconvertirme y completar mi vida laboral. Allí, junto a mis compañeros, descubrí emociones y sentimientos que estaban adormecidos, el tacto, los abrazos, las risas y las lágrimas. La alegría y la pena junto al duro trabajo creo que hicieron de mí mejor persona. Además, a través de esta ocupación, he tenido la suerte de encontrar a nuevas amigas en las que puedo confiar plenamente.

Ahora ya estoy desvinculado, pero les sigo y sobre todo en momentos así, me siento impotente y sólo intento darles ánimos y todo mi apoyo moral, ellos son mis héroes.

Por el whatsapp Carmenchu me manda una foto del equipamiento que visten ahora, parecen astronautas y, por el audio, me cuenta las vicisitudes del día, y la noto triste. Carmenchu es fuerte y a la vez emocionalmente sensible, del zasca pasa al abrazo y al beso espontaneo, ella es así, directa y de frente. Me dicen que Antonio se ha cortado el pelo porque le molesta la mascarilla y ya no canta estos días como antes, que su vozarrón ya no interpreta a Nino Bravo o a Perales, que va junto a su inseparable Kenia y aunque en su facebook ponga "Siempre fuertes", anda un poco apagado. Louis, ese negro reservado de Senegal que es un trozo de pan y que es idolatrado por las abuelas, ya no habla de su Madrid y sube las escaleras muy cansado después de haber doblado el turno.

Araceli trata de animar el bingo desde el pasillo, vocea y vocea, quiere mantener la moral alta, pero yo sé que no es la misma, es una artista esta chica pues la actividad debe continuar. Ahora además apenas desconecta y realiza cualquier tarea necesaria para aliviar en lo posible a sus compañeros.

Yo, que siempre andaba de bromas sobre el teñido y los colores del pelo de mis ex-compañeras, me dicen que ahora las prioridades son otras, las raíces del pelo y las ojeras por el cansancio son los signos evidentes del trabajo excesivo.

A pesar de todo, Cristina, cuando atiende a sus residentes, les canta la canción de Manuel Carrasco "Qué bonito es querer" porque a Aurelia y Mari Luz les gusta mucho, y supongo que sigue teniendo un cañón de alegría disparando en sus ojos, pero ahora sus cuencas están más hundidas por el agotamiento. Ángeles anda desgreñada y ya no se acuerda de pintarse los labios, bastante tiene la rubia de la bici.

Veo en el facebook que las chicas del equipo de limpieza colaboran ayudando en el obligado aislamiento, cuchara en mano Charini y Soraya dan de comer, no hace falta suponer que Pepa y Lidya también realizan cualquier tarea que sirva de apoyo. Vanesa, la cocinera, acude para ver qué tal están las lentejas y el puré de hoy, mientras que Lute se refugia en la soledad de la cocina.

Dentro de tanta pesadumbre tenemos alguna satisfacción, Nieves "la mujer fuerte", aunque despacio, va recuperándose en el hospital. Ella me responde a los mensajes de ánimo, advierto el esfuerzo que hace para contarme su evolución, me tranquiliza porque a pesar de su estado lo que refiere me hace reír, reír por no llorar, porque esto está siendo muy duro, sobre todo para ellos.

Que los abuelos son muy mayores es evidente, que es ley de vida y que algún día nos dejen sí, es triste, pero comprensible. Pero que se vayan solos y sin el reconocimiento que merecen, eso es algo que nos sobrepasa en estos días, es muy doloroso sentirse impotente cuando has compartido tanto tiempo junto a ellos.

A Clara la crisis le ha pillado convaleciente y como todos nosotros, intenta infundir todo el ánimo que puede, sabe que después seguirá en la brega porque las secuelas de la pandemia  continuarán durante mucho tiempo, ahora se ocupa de sus mayores más directos, tarea no le falta. A Alina le pasa algo parecido, mejor que se recupere de su dolencia lo más pronto posible.

Un día más y un día menos para que todo esto pase. Hace un rato que acaba de amanecer y, subiendo por el bulevar diviso a Lidubina que vuelve del turno de noche,  observo su paso cansado camino de la estación de Renfe, desde la terraza la saludo y me comenta que también ella ha estado pachucha, no la entretengo más porque sé que tiene prisa por volver a casa después de una larga jornada.

Mis héroes ya no son de ficción, tienen rostro y son una gran familia unida por el trabajo a los que aún hoy, me siento apegado, los hay de muchos países diferentes y expresan lo mejor de la globalización.

Me da pudor por si me olvido de alguno, además de los mencionados anteriormente, ellos son: Marga, Beatriz, María, Laura y Laurita, Vanessa, Lorena, Laura la de la noche y Eva, Bruna, Marijose y Teresa, Ana y otra Bea más, Fanny, Silvi y Katy, Marcos, Petri y Rosi, Rubén, Mónica, Puri, Granada, Campanilla y todos aquellos que ahora ya no conozco porque se han incorporado hace poco al equipo. Ah y Leti, a la que una vez más le recuerdo que cuando pase todo esto nos tiene que invitar a su boda, que vamos a echar la casa por la ventana, juntos y por un rato olvidaremos en lo posible la tristeza de estos días.

En estos momentos de tribulación estos personajes anónimos que pretendo poner en valor nos muestran lo mejor de nuestra sociedad. Ellos, junto a muchos otros arriesgan su salud por los demás, en ellos y no en otros deberíamos reflejarnos como ejemplo a seguir.

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