Un tiempo raro

Amanece un día más de esta preciosa primavera con campos repletos de amapolas y florecillas que apenas podemos disfrutar. Mis amigos me envían fotografías de cebadas exuberantes y los primeros brotes de las viñas, imágenes que en la ciudad apenas imaginamos, aunque sí notamos el verdor y la altura de la hierba en los parques.

CebadasBrotes

Pero a pesar del derroche de luz y color, hoy me siento "híbrido" como dice el escritor Juanjo Millás. Seguimos estando tristes, pero sobre todo raros ante lo que nos acontece desde hace ya casi tres meses. Ahora, de recluidos, hemos pasado a un estado más laxo pero que sigue siendo anormal, y es que tengo recelos ante la anunciada "nueva normalidad" que no sabemos realmente que es, pero que ya se aprecia en el distanciamiento y el recelo ante el semejante. Poco a poco nos inoculan el miedo a través de estos nuevos términos tan dudosos como ambiguos, y con no se sabe qué intereses ocultos.

Veo colas y colas, como esos viejos reportajes de países del telón de acero allá por el siglo XX, colas que nos anuncian el nuevo orden, filas para entrar al supermercado o para acceder a cualquier tienda y, aunque me incomode, lo que realmente me preocupa son esas nuevas hileras que anuncian la precariedad, el hambre y la caridad, y es que parece que no aprendemos, que nada cambia.

Bajo por el bulevar cabizbajo barruntando cómo afrontar esta nueva prórroga del  supuesto "Estado de Alarma" sin resolver nada, sin acometer la rutina habitual, desconcertado. Camino taciturno y mohíno pero me llegan los acordes de "La vida en rosa" de Edith Piaf que el acordeonista rumano toca esta mañana luminosa y pienso: ¡Qué contradicción! la afrenta de la belleza de la melodía frente a la mediocridad del futuro al que nos conduce este nuevo orden.

Supongo que los creadores siguen a lo suyo y más pronto que tarde saldrá un chorro de ideas atrevidas e ilusionantes frente a la imposición de los poderes, porque reconozcámoslo, el esfuerzo escritores, pintores, actores, cantantes etc. y el valor de la cultura es reconocido sólo por muy pocos. Mientras tanto soportamos aburridas conferencias sobre cómo colocarse una mascarilla, sus diferentes modelos y sus características técnicas explicadas hasta la extenuación, ahora sí, ahora no, ignorando qué intereses ocultos hay ante tanta duda y tanto cambio.

Lo que no cambia es aquello que mueve el dinero y por eso me pregunto: ¿Tan importante es el fútbol para que se adelanten los plazos para volver a la competición?

Me parece que ya llevamos un tiempo considerable de confinamiento para darnos cuenta de aquello que realmente importa y, sin embargo, toda la información nos reconduce a pensar sólo en aquello que se expone y se publicita, por eso dudo mucho sobre algunas prioridades que nos desean imponer.

De vez en cuando aparecen noticias puntuales sobre el fallecimiento de algún personaje, de algún  sanitario o médico victima del Covid-19, pero en general los muertos siguen siendo anónimos. En estos momentos en las conciencias y en la ética de muchos ciudadanos hay asignaturas pendientes que resolver, duelos que pasar antes de volver a la calma, existe un sentimiento doloroso aparcado que más pronto que tarde debe ser solventado. Y no me refiero a homenajes y actos que seguramente ya se están planificando, me refiero a la intimidad de las personas y las familias que han tenido la desgracia de perder a algún ser querido.

El nuevo orden trae cambios en las formas de comportamientos y en la forma de relacionarse, pero hasta ahora todo lo que nos enseñan son bocetos y naderías. Playas parceladas, restaurantes con pantallas entre los comensales y sobre todo un salvoconducto de sanidad. ¿Y si resulta que tienes fiebre por otra patología? qué pasa.

Todos los medios nos bombardean con multitud de cuestiones técnicas que solo generan miedo o confusión, existen tantos datos y tanta sobre información que algún atrevido ciudadano podría ofrecernos una conferencia sobre virología.

Ahora el sistema sanitario en todo el territorio está en función de la pandemia, pero aprovechando esta situación se recortan prestaciones para los enfermos con otras dolencias, el sistema está colapsado, apenas que decir sobre la sanidad preventiva y que tan buenos resultados puede proporcionar, está desaparecida.

Desgraciadamente el aparente buenismo de los primeros días de la pandemia deja paso a la realidad, los políticos ya vuelven a sus trincheras y defienden sus intereses, mercadeando apoyos en función de la rentabilidad electoral, mientras el desastre social y económico es cada vez más evidente.

A partir de ahora personalmente echaré de menos aquello que tanto me costó aprender, los besos y los abrazos que por censura, educación o por recato mal entendido tanto escatimé con los míos y con mis amigos. Pero no pierdo la esperanza, seguro que más pronto que tarde volveremos a demostrar los afectos con la naturalidad anterior, mientras tanto prudencia ante esa palabreja que llaman "desescalada".